21 de noviembre de 2020 (el año de la panmierda)

¡Hola, Benjamín!

Y hola a todos y todas los que me seguían, continúan siguiendo este blog o, por despiste, se pasen por aquí.

Las próximas cartas espero que sean más personales. Esta, en realidad, no va dirigida a ti, así que te he utilizado como excusa y punto de partida de esta nueva etapa. Hoy quiero escribirle a un escritor imaginario que quiere autopublicar y no sabe cómo. Hoy quiero hablar sobre…

AUTOPUBLICAR EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Hacía tiempo que no hablábamos. Un año y unos cuantos meses. Tarde o temprano me dije que volvería a escribirte una carta y voy a lanzar la piedra contra el cristal de la ventana de tu baño y ver si esto se mantiene y vamos comentando lo que hemos aprendido (o no) durante este tiempo. No sé hasta dónde llegaremos. De cualquier forma, me alegro de retomar el tema.

No me suelo meter en diálogos con nadie en las redes sociales. Se pierde mucho tiempo y, normalmente, cada cual permanece en sus planteamientos e ideas fijas con lo que suelen ser conversaciones completamente estériles.

Hace poco surgió el asunto de la autopublicación y cierto sector (por otra parte me parece que interesado) manifestaba el hecho de que autopublicar sin un corrector (u otros servicios) era engañar a los lectores. También, que ante un libro que había pasado por las manos de un corrector o correctora y otro que no, no había duda: antes comprar el libro corregido por un profesional.

Puestos en lo malo es mejor un libro aburrido pero sin erratas, que uno aburrido y con fallos ortográficos. Si estamos en esas, le doy la razón a cualquiera.

Luego, respecto al hilo en cuestión de Twitter en el que me enredé, yo mismo me perdí en diversos asuntos que no llegaron a nada. Mi conclusión terminó siendo:

Una corrección profesional es lo mejor para alguien que pueda permitírselo y quiera autopublicarse si busca obtener los mejores resultados en su producto (el libro). Pero TAMBIÉN me parece muy injusto el hecho de que un/a autor/a que decidiera prescindir de esos servicios pueda ser considerado/a mal escritor/a o, sencillamente, que ha publicado un truño.

Voy a intentar ordenar mis ideas y, supongo, voy a irme por las ramas (como siempre) para hablar de mi experiencia y también para exponer MI opinión, sin desmerecer ni perjudicar a nadie (o por lo menos lo voy a intentar).

Voy a tirar de la definición que hace de la Wikipedia de lo que es autopublicación y luego hablaré de lo que para mí es la labor de todo escritor y que, en resumidas cuentas, consiste en escribir y aprender a hacerlo bien. (Casi seguro que me va a salir un tocho infumable y que pocos o nadie leerá, lo cual comprendo y acepto).

Vamos primero a la definición de la Wikipedia:

La autopublicación o edición de autor consiste en la publicación de un libro o cualquier otro contenido por su autor sin la intervención de un editor. El autor es responsable de todos los aspectos del proceso, que en el caso de un libro incluyen el diseño de portada, formato, precio, distribución y comunicación de la obra; puede realizar él mismo estas tareas o externalizarlas en parte o en su totalidad a una empresa que ofrezca estos servicios.

Bueno, ya queda claro el asunto: es tanto una cosa como la otra.

Yo me voy a la primera descripción: la labor de un autor que se autopublica es más penosa que la de un autor que deja esto en manos de un editor. La labor de un autor que se autopublica es cuidar y ser responsable de “todos esos aspectos del proceso”.

Poco a poco, la carencia de muchos escritores en esos aspectos, como el diseño, la maquetación, la distribución, ha permitido que muchas empresas ofrezcan esos servicios (el segundo tipo de autopublicación) y me parece comprensible (aunque no lo vea bien), que hasta algunas de esas páginas o personas que ofrecen esos servicios estén interesadas en hacer ver que un/a autor/a que prescinde de esos mismos servicios está engañando a los lectores o está publicando un zurullo.

Es decir, ya no basta con tener la barrera de las propias editoriales que criban y deciden poner su dinero para publicar lo que mejor consideran, como es natural, que ahora parece que se quiere levantar una barrera más: autopublica, sí, pero hazlo de la mano de un corrector profesional o de ciertas páginas que ofrecen esos servicios completos.

Con esto nos cargamos ya de base el espíritu de lo que es la autopublicación en sí: la libertad de que el autor controle por completo lo que publica, tanto si obtiene beneficios como si no. Ya será el lector, como siempre, el que decida qué comprar o leer y que no. Pero si le estamos metiendo la idea en la cabeza a esos lectores que un libro corregido por un profesional o que ha pasado por las manos de una página de servicios editoriales es mejor que otro que no, entonces sacamos un tema espinoso a relucir: estamos poniendo barreras y denostando a autores que se autopublican y se lo curran de verdad.

Me parece enormemente simplista pensar:

1) que un autor autopublicado escribe mierdas; y

2) que un libro que ha pasado por algunos servicios editoriales, especialmente el de revisión ortotipográfica e incluso de estilo, es un buen libro.

Yo no digo ni una cosa ni la otra. Yo digo:

1) Ni un autor autopublicado escribe mierdas.

2) Ni tampoco un libro autopublicado que ha pasado por unos servicios de corrección es, necesariamente, un buen libro (en el sentido también de su contenido, de la historia en sí).

Es de cajón. No hay que darle muchas vueltas.

Pero tampoco niego que un autor que escribe una caca de libro, si pasa por servicios de corrección, obtendrá una caca mejor. (Lo he dicho más arriba). Es evidente. Será una caca reluciente, pero seguirá siendo una caca.

Si nos planteamos el tema ya más en serio, podemos llegar al punto de que haya un tipo de autopublicación de primera y de segunda. Hay quien sugiere que se ponga una especie de sello: “Este libro ha sido corregido por X”, como un elemento diferenciador y de calidad. Pero ¿diferenciador de qué? ¿De qué calidad? Ese sello me puede garantizar, supuestamente, que el libro está corregido y no debería tener errores ortográficos. Vale. Pero no garantiza que la trama esté bien construida, los personajes sean creíbles, sus diálogos naturales y precisos, etc.

Pero, además, y lo que es peor, con ese sello se pretende negar de partida que un libro que no haya pasado por las manos de un corrector es, NECESARIAMENTE, un libro que tendrá fallos. Yo me niego a admitir eso rotundamente.

Y ahora entro en lo que yo considero un escritor y parto de mi experiencia de un par de décadas, no solo juntando letras, sino también leyendo y seleccionando cientos de historias (probablemente más de seiscientas).

¿Qué es un escritor?

Un escritor es alguien que escribe. Pero todo el mundo escribe, gilipollas. Vale. Voy a irme a lo que para mí sería el concepto más radical para el asunto que tenemos entre manos:

Un escritor es alguien que escribe y lo hace sin errores, que domina y cuida el lenguaje, la gramática y la ortografía y utiliza una serie de técnicas para construir una historia que sea atractiva para un público determinado.

Para mí eso sería lo adecuado al hablar de un escritor.

¿Puede un escritor llegar a eso?

Debería o, por lo menos, tendría que intentarlo. ¿O es que basta con ponerse a teclear como un mono?

¿Cómo se aprende a escribir?

La pregunta de siempre con la respuesta de siempre: leyendo mucho, escribiendo mucho y estudiando (eso último parece que le interesa a pocos escritores y da mucha pereza; a mí también). Pero escribir implica también equivocarse y mejorar con el paso del tiempo, probar, evolucionar… Y eso se hace a través de la experiencia, con más lecturas, con mucha más práctica y con el conocimiento e interiorización de herramientas (otra vez ese rollo) que cualquiera puede aprender a través de muchos libros, haciendo cursos, etc. y luego utilizar todas esas movidas en la mejora de sus historias.

Así que en mi concepto “loco” de lo que es un escritor que, además, quiere autopublicarse no caben servicios externos de corrección y revisión, etc., porque eso PUEDE aprenderlo y DEBERÍA aprenderlo.

Luego tendrá errores, claro, y si publica a través de una editorial, esta se encargará de darle consejos y mejorar el libro (o se supone).

Pero, si voy a autopublicar, ¿cómo obtengo ese feedback, listo? ¿Cómo puedo mejorar mi novela? ¿Eh? ¿Lo hago todo solo/a como hasta ahora?

Claro, ahí está el asunto.

¿Puede un escritor que se autopublica aspirar a hacerlo igual de bien que si lo hiciera de la mano de una editorial que, en principio, incorpora esos servicios y ayudas al autor?

Es muy complicado, claro que sí. Por eso existen las editoriales y por eso existen los profesionales que se dedican a ese trabajo. De esta forma, si uno no quiere firmar un contrato con unas condiciones determinadas o no puede porque nadie le llama (la triste realidad y soledad del escritor, el muro invisible con que nos topamos el 99 por ciento de las veces), entonces…

¿Qué puedo hacer?

Tres cosas:

1) Pedir ayuda externa y… ¡GRATIS! Pero antes, corregir y corregir. Luego, puedes dejar que tu novela la lean amigos o conocidos con quienes tengas confianza y sean capaces de hacer una crítica. Las personas ideales deberían hacer notar algunos fallos de forma constructiva, sugerir cambios que pudieran mejorar la historia y otros comentarios. Si son amigos, lo harán… ¡GRATIS!  (o a cambio de un libro, un cruasán de chocolate, una bolsa de risketos…). ¡Pero aquí no acaba la cosa! Luego habrá que volver corregir y corregir.

2) PAGAR por ello. Es decir, utilizar servicios editoriales o profesionales de confianza. Hay muchos y muy buenos. Busca a profesionales que te ofrezcan el servicio más completo, como revisión de estilo y (ya sería lo más) consejos sobre cómo mejorar tu historia. Yo te recomiendo a Esther Magar.

3) Autopublicar a PELO. Autopublicar con la chorra (o la vulva) fuera.

¿Qué es autopublicar sino lanzar al mundo y sin intermediarios una historia que otros leerán y punto? ¿Por qué ha de ser tu libro como uno publicado por una editorial?

¿Ha de aspirar mi libro a convertirse en el mejor libro posible?

Eh, un momento. ¡Claro que sí!

Pero ¿no puedes? ¿Eres incapaz de leer antes todos esos libros y no te apetece hacer un curso? Tal vez vayas demasiado rápido queriendo publicar. ¿Te lo has planteado?

Aunque, oye, si quieres autopublicar y no tienes recursos para pagar a un profesional o no tienes amigos que puedan ayudarte (lo siento), pues haz lo que puedas dentro de tus posibilidades y limitaciones y LÁNZATE A LA PISCINA (aunque no haya agua). La autopublicación es eso. ¡Es libertad! Es probar suerte.

Sin embargo, recuerda: nunca dejes de aprender y de mejorar. Y si autopublicas a saco, por lo menos, no te olvides de pulir tu historia lo máximo posible y de pasar el corrector de tu procesador de textos antes.

Y, por supuesto…

Respétate como escritor y respeta a quienes vayan a leerte.

Aunque estás en tu derecho de hacer lo que te dé la gana, no vas engañar a nadie. Si la primera frase de tu historia no engancha y, encima, está llena de errores, entonces nadie te seguirá leyendo.

Así que creo que, además de extenderme muchísimo, lo único que he hecho es defender a los autores y autoras que arriesgan y que deciden autopublicarse, que son valientes y hacen lo que pueden. No me parece adecuado negarles eso o señalarles con el dedo como si fueran apestados. ¡Mira, no ha utilizado un corrector profesional!  ¡Además, esas gafas le quedan como la mierda!

Insisto, muchas personas que escriben no pueden pagar un servicio de este tipo y ven cómo se topan con una barrera tras otra. Si alguien tiene la ilusión de ver su libro publicado en una plataforma on line o, incluso, en papel… ¡que lo haga! De cualquier forma (y esto es un final de mierda), pocos o nadie vamos a vivir de escribir. Todos seguiremos en el mismo sitio. Pero, a lo mejor…

tú escritor o escritora serás un poco más feliz con ese libro tuyo publicado entre los doscientos mil primeros más vendidos de Amazon.

Y la semana que viene…

¡Pero mi libro está mejor maquetado, tiene una portada más chula y no tiene errores! ¿Por qué tiene la misma visibilidad que uno con una portada de mierda y con fallos a cascoporro?

Eso mismo me pregunté yo, pero luego ya maduré y entendí que no se nace aprendiendo y que no estoy solo en el mundo.

No sé si tendrás o no la misma idea que yo tengo (no tiene por qué ser así), pero es mi forma de pensar.

Un abrazo, Benjamín, y a todos y todas los que me hayáis leído de principio a fin. ¡Hasta la próxima!

4 comentarios sobre “21 de noviembre de 2020 (el año de la panmierda)

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  1. ¡Hola, Toni! Me gustaría tener algo que puntualizar, pero es que estoy de acuerdo con todo lo que dices. De esa conversación en Twitter, lo que me acabó de matar fue no lograr el consenso sobre que lo imprescindible para que un texto acabe en libro es tener una buena historia entre manos. Es que, sin historia, la caca puede estar fenomenalmente maquillada, que seguirá siendo caca. También me enteré de que yo soy lector de forma o de fondo, pero no me quedó claro cuál de los dos, y que me creo en posesión de la verdad, supongo que por sugerir lo de la importancia de las buenas historias. «¡”Habráse” visto!».
    Me alegro de retomar estas cartas.
    ¡Un abrazo!

  2. Reblogueó esto en la recachay comentado:
    Hace un par de días, un tuit de mi colega escritor Toni Cifuentes me avisó de que, la tira de meses después, tenía una nueva carta en el buzón. Me alegró mucho recibirla, porque las “cartas a un escritor” que, durante un tiempo respetable (teniendo en cuenta la fugacidad de todo lo que ocurre en esta era de los zascas en Twitter), nos remitimos fueron de las experiencias más provechosas que he vivido desde que aterricé en Internet.
    En su misiva, Toni reflexiona sobre la autopublicación, y me parece que dice cosas muy interesantes, sensatas y razonables, con las que estoy completamente de acuerdo.
    La comparto, y ya me pongo a pensar en la respuesta.

  3. En el análisis, a mi parecer, falta una cuestión previa y fundamental: la diferencia entre un fabulador .y un narrador. Cada escritor puede participar de ambas cualidades de forma diferente cualitativa y cuantitativamente en distintos momentos de su producción y en relación a otros escritores.

    1. Muchas gracias por pasarte y por comentar, Verónica.

      Yo en mis tiempos me cogía un libro y me ponía a mirar dónde iba el punto, si fuera o dentro de la raya de diálogo en una acotación. A día de hoy sigo teniendo muchísimas dudas que me preocupo por resolver. Se nos olvida que tenemos diccionarios y, madre mía, Internet entero, petabytes de información para resolver cualquier duda. Si nos despreocupamos de eso, porque otros ya lo harán, me parece que nos tomamos muy poco en serio esto de la escritura. Yo tiendo a leer todo lo que me llega para la revista Tales y a veces intento ignorar según qué fallos cuando estoy con un relato. Pero me he dado cuenta de una cosa: normalmente quien descuida la ortografía, descuida también otras muchas cosas. Si lo básico no lo cuidas, pues ya me dirás lo demás. Un saludo.

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