Lunes, 10 de noviembre de 2014

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Fotografía de Andreas Levers (Flickr)

¡Hola, Benjamín!

Acabo de terminar de corregir un relato para un concurso. Es uno corto, de menos de 2.300 palabras, que escribí en dos días y que cuando terminé, sentí que lo había hecho bastante bien. Eso no quiere decir que vaya a conseguir nada en el concurso: lo más importante para mí fue que me hizo recuperar buenas sensaciones.

Después, lo he corregido varias veces. Lo que yo suelo hacer es dejar algún tiempo el relato en reposo (un mes está bastante bien), y luego lo imprimo, lo lleno de manchurrones y rectificaciones en rojo, que traslado al ordenador. Después vuelvo a imprimir o paso lo reescrito a mi libro electrónico, con lo que le doy un nuevo vistazo, que espero que sea el último. Nunca es así. Finalmente Encarni lo lee, corrige cualquier cosa que se me haya pasado por alto y me da su opinión. Luego lo vuelvo a corregir. Lo que intento con todo esto es luchar contra el escritor, distanciarme de él, convertirme en un lector más, lo más crítico posible. Imprimir en papel o leer mis historias en el dispositivo donde suelo leer relajado otras cosas me hace ver mi trabajo como algo ajeno. Creo que ésta es una de las tareas más complicadas de todo escritor y, además, la más importante.

Cuando uno escribe, cuando se encuentra en la piel del escritor, embriagado en ese mundo de sensaciones, sumergido en esa nube de irrealidad maravillosa, casi todo vale. A veces es difícil adentrarse en ese sueño, como lo llama Gardner, pero cuando uno lo consigue es verdad que las palabras afloran rápido y es algo fabuloso. Esa sensación no tiene por qué llegar de ninguna manera al lector porque en ese sueño, por lo menos en mi caso, a veces las palabras aparecen desordenadas, las ideas no se transmiten de forma clara o introducimos elementos que, en realidad, no interesan o no sirven para nada. Por eso, en mi opinión, es tan necesaria una buena corrección.

He comenzado hablando de esto porque estoy corrigiendo varias historias. Además de la que acabo de terminar, me quedan otras cinco. Son todas muy cortas, algunas un poco extrañas, otras las he escrito como ejercicio de desahogo. Me propuse terminar un buen puñado empujado por la necesidad de retomar el gusto por escribir, dejándome llevar con lo que tuviera entre manos sin pensar en nada más que en eso, en escribir. Una vez terminadas estas correcciones (que quedarán incompletas a falta de que vuelva a releer mis historias en el futuro), tengo muchas ganas de volver al terror y meterme de lleno en narraciones más largas.

Va a haber mucha sangre.

Voy a hacerlo pasar mal a mis personajes.

Van a salir criaturas horribles.

Van a suceder cosas extrañas.

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Fotografía Rafa3r (Flickr)

No siempre todo resulta tan fácil. Me refiero a pensar que uno escribe para sí mismo y que ha de pasárselo bien, sobre todo cuando pretende que no solamente otros le lean sino que, de alguna manera, pueda interesar a una editorial que quiera comprar los derechos, apoquinar unos royalties. Para mí esa idea ha sido un lastre durante gran parte de este año. Incluso cuando he escrito para concursos, he pensado más en el gusto de un jurado extraño que en el mío propio. Tal vez ése es el sufrimiento al que se refiere Gardner. De cualquier manera, lo que he aprendido lo ha compensado todo.

¿Y ahora qué queda delante? Solamente tengo un propósito y ése es publicar de forma independiente todo lo posible con la mayor calidad de la que sea capaz y, como te digo, pasármelo muy, pero que muy bien. Ojalá todo eso llegue a cuantos más lectores sea posible.

Te explicaste a la perfección la semana pasada en tu carta y, como te dije, yo también estoy de acuerdo en que no es necesario sufrir para escribir, aunque sí creo que, como en todo, se suele sufrir para obtener algo. Tú mismo has pasado algunos momentos de duda y, probablemente (aunque no te lo deseo), volverás a pasarlos. Lo importante es que los buenos sean muchos más y que los malos no tengan otro objetivo que el de hacerte mejor y más fuerte.

Yo tampoco creo que para escribir una novela tengan que pasar años si el que la escribe sabe mucho sobre aquello que quiere escribir. Otra cosa es que alguien desee ponerse con una novela sobre algo que no conoce y entonces supongo que será un poco más cierto. Yo escribo sobre cosas que están en mi cabeza, personajes que salen de una mezcolanza de observaciones de mi alrededor, de los años que he vivido, de lo que he escuchado y visto, de algún oscuro lugar en la profundidad de mi mente. A veces busco información, pero son detalles puntuales sobre los que prefiero no equivocarme o cosas que aparecen de repente de las que no tengo ni idea y no quiero meter la pata. Pero, como te digo, un relato corto mío de alrededor de 4.000 palabras no debería llevarme más de una semana; y en realidad a veces he tardado años en terminar algunas de mis cosas. ¿Por qué? Supongo que ha sido porque no he encontrado el momento para escribir el final, porque había algo que tenía que madurar, porque no sabía lo suficiente, porque me cansé de darle vueltas o no tenía valor para enfrentarme a una historia así, o, sencillamente, porque estaba escribiendo otras cosas. Tal vez Gardner se refiera a algo de lo que acabo de enumerar, pero como te digo, uno tiene que encontrar la historia que desea escribir en cada momento. Al igual que uno tiene que leer lo que desea leer en cada momento de su vida, escribir no me parece muy distinto. Cuando uno consigue mantener en el tiempo el interés por una historia durante meses o incluso años, ha logrado algo muy complicado y meritorio, da igual el resultado final, y mucho más importante es con personas como nosotros que no se están ganado la vida con esto (por lo menos, todavía). Así que por supuesto debes sentirte orgulloso por haber escrito y terminado El viaje de Pau. Te ha dado muy buenos momentos, te ha hecho conocer a mucha gente, le has sacado mucho provecho y lo hiciste bien. Sinceramente, creo que no merece la pena ponerse a dar vueltas ni corregir algo que está terminado. Yo mismo debería de hacerlo. De hecho, prometí que no volvería a leer los relatos de Autotomía nunca más (aunque haya terminado siendo mentira). Uno debe aplicar las mejoras en nuevos proyectos. Está muy bien que uno mismo pueda ver su evolución en el tiempo; y no es menos bueno que la vean los propios lectores.

Lo bueno de los cambios que se están produciendo con la irrupción del mercado del libro digital es que ahora uno tiene más libertad que nunca y, si se esfuerza, es persistente y lo hace bien, creo que se pueden obtener respuestas satisfactorias. Y lo sé por la experiencia de otros escritores que han creído que podían ganarse la vida escribiendo sin depender de editoriales y lo han hecho. Pero, si te soy sincero, no quiero pensar mucho en lo que pueda pasar, en si conseguiré o no tener más o menos lectores en mis futuras publicaciones (que vendrán muy pronto) o si ingresaré más o menos dinero por todo ello. Solamente quiero escribir y pasármelo bien. Nada más que eso. Ojalá que pasen más cosas, pero eso yo no lo controlo, así que tengo que procurar que no me martirice.

Cuando te mencioné mis novelas pasadas, lo hice porque, después de tanto tiempo, acercarme a ellas y releerlas por encima me ha hecho darme cuenta de lo complicado que es que uno mismo sea capaz de entender si lo que escribe es malo, bueno o regular, y en qué medida puede o no arreglarse. Mi pareja siempre me ha dicho que escribo bien. Y yo la he creído siempre y la creo cada vez que lee algo mío (y no siempre le gusta lo que hago). Su opinión es la más importante de todas para mí y es quien más me anima y la primera persona por quien intento llevar un poco más lejos mi pasión por escribir. Yo también creo que lo hago bien, aunque no siempre, claro. De todas formas, solamente con escribir bien no basta. He escrito cosas en el pasado con una calidad que, al leerlas desde la perspectiva de un lector más adulto y con más experiencia, me han sorprendido gratamente. Pero eso no fue suficiente. Cuando uno escribe hay mucho más que un estilo, aunque el estilo pueda marcar una novela de tal forma que solamente con eso, por muy rollo que sea lo que se cuenta o vagos los personajes, pueda enganchar a muchos lectores hasta el final (para ello hay que tener un estilo de acojone, algo único, algo impresionante). Están el ritmo, el suspense, la trama, el núcleo central de la historia, las motivaciones de los personajes y los personajes mismos, cómo avanza la idea y se desarrolla con coherencia interesando e impulsando al lector a seguir. Para mí esto es lo más importante de todo y lo más difícil de hacer: no perder de vista la idea de arranque de un relato o una novela y tenerla siempre presente mientras se escribe, que cada cosa que aparezca, un diálogo, una descripción, una acción refuercen la idea principal que estamos desarrollando hasta ese último punto y final, y todo eso hacerlo con pasión. Eso sirve para mí. Supongo que para otros escritores no es algo tan importante. Aunque piense (y esté casi totalmente convencido) de que es algo importantísimo para cualquier escritor, hay fórmulas y fórmulas. Por suerte, el arte no tiene corsés o no debería tenerlos.

Ahora puedo decir que aquellas historias formaban parte de mi aprendizaje, pero también puedo decir que por muchas novelas que hubiera escrito, no habrían servido de nada si no me hubiera encontrado con libros que me han enseñado qué hacía mal o, por decirlo de otra manera, cómo podía hacerlo mejor. Por eso insisto en los libros de teoría literaria y en algunos manuales de cómo escribir. Por lo menos, a mí me han ayudado mucho.

No sé si en el pasado no los leí porque no me interesaban, porque no sabía que existían o porque era complicado hacerse con ellos. De cualquier forma, leerlos para mí ha sido muy importante. Aun cuando, al final, termine llegando a la conclusión de que uno tiene que escribir lo que le gusta y olvidarse de todo lo demás, me parece que es mucho mejor llegar a determinadas conclusiones después de haber valorado y estudiado cualquier propuesta de forma seria, aunque sea contraria a lo que uno piensa. Al final, lo que yo cuento es el resultado de mezclar (con descartes y aceptaciones) todo lo que he leído y aprendido en esos libros y en otros muchos. Que, por supuesto, a mí me sirve por ahora y supongo que no servirá a muchos otros escritores. A Gardner, como a otros que han escrito sobre cómo se escribe o cómo no, entiendo que hay que leerles abierto a cualquier cosa que sea buena para nosotros, que nos pueda ayudar, y que, a lo mejor, no sabíamos ni tan siquiera que existía. Nada más.

Llevo más de 1.900 palabras y me parece que es momento de cortar. A veces te he escrito cartas más largas que he reducido a la mitad, pero ésta expresa bastante bien y sin enrollarme demasiado (o eso creo), lo que siento cuando me pongo a escribir. Y me he dejado en el tintero el curso de guion que empecé la semana pasada. Pero mejor así, porque tendré algo más que contarte después de que me escribas tu próxima carta.

Me gustaría mucho que me contaras cómo prosigue tu novela, cómo planificas la corrección y todo lo que vendrá después. Por lo que me dices, has decidido que sean otros quienes hagan una corrección profesional y valoren tu manuscrito. Mi única experiencia se limita a una chica que hizo un curso de corrección ortotipográfica y ganó un premio en mi ciudad. Leyó el principio de uno de mis relatos (aunque no le pedí que lo hiciera), y me dijo algo así como que utilizaba un recurso manido en determinado momento. Le contesté que había utilizado ese recurso manido a propósito.

El compañero de mi curso, ese lector que te comenté, me explicó que recibe muchos manuscritos en los que se nota mucho que hay cursos de escritura de por medio, que hay un esquema que se repite, una técnica que, al final, no dice mucho más que el escritor sabe cómo escribir pero que no termina de transmitir nada, lo que contaba muchas líneas más arriba. Son muchos los misterios de la escritura y tener solamente una buena técnica no garantiza nada, aunque supongo que no está mal conocer esa técnica. Al final esto es un acto íntimo y por lo pronto yo me limitaré a entregar mis historias a algunos lectores (de los que ya te dije que me gustaría que formaras parte), para saber su opinión general y, por supuesto, recibir cualquier observación que crean conveniente.

En fin, lo dejamos para otro día porque si no, no acabo. ¡Hasta la próxima!

¡Un abrazo!

Toni.-

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5 comentarios en “Lunes, 10 de noviembre de 2014

  1. La podría haber escrito yo. Estoy de acuerdo al 100% con todo lo que explicas. “Para mí esto es lo más importante de todo y lo más difícil de hacer: no perder de vista la idea de arranque de un relato o una novela y tenerla siempre presente mientras se escribe, que cada cosa que aparezca, un diálogo, una descripción, una acción refuercen la idea principal que estamos desarrollando hasta ese último punto y final, y todo eso hacerlo con pasión”. Esta idea es básica, lo que da coherencia al conjunto.
    Cuando estoy escribiendo y pienso en introducir un nuevo elemento, un diálogo, otro personaje, etc., lo primero que hago es parar un momento y preguntarme: “¿Y qué va a aportar esto a la historia? ¿Es coherente con la intencionalidad de la trama?”. Es cierto que puedo equivocarme, creer que sí enriquece la historia, pero, como dices, estar “contaminado” por esa pasión del escritor. Por eso, cada vez veo más necesaria la intervención de lectores externos que aporten su visión objetiva. No sé si profesionales o no. Cuando pienso en recurrir a un/a editor/a profesional pienso más en la corrección ortotipográfica y de estilo que en el contenido. Pero aún queda tiempo para eso. Primero tengo que acabar la novela. Prometo hablarte de ella en la próxima carta.
    ¡Un abrazo!

    1. ¡Ánimo con la novela! Tengo ganas de que me cuentes más cosas sobre ella. Yo sigo terminando relatos. Como te cuento, he recuperado las ganas y espero que salgan cosas interesantes. Y espero también que estas ganas se prolonguen por lo menos unos cuantos meses y que obtenga de este impulso mucho material. A ver, a ver… ¡Un abrazo!

  2. Reblogueó esto en la recachay comentado:
    Acabo de abrir el buzón y me he encontrado con una nueva carta de Toni Cifuentes. Otra interesantísima reflexión sobre la escritura, sobre cómo afrontar el proceso creativo. Si os gusta escribir y reflexionar sobre ello, tenéis que leerla.

  3. No te pasa a veces, cuando corriges, todo lo contrario, al menos a mi me sucede, me lleno de verborrea que no le va al relato, le quito frescura y a veces se vuelve tan trágico que anulo algunos detalles innecesarios que le daban vida. Siempre corrigo pero cada vez más me replanteo su necesidad, como si todo lo que hiciese mal fuese un aprendizaje para el próximo

    1. ¡Ey! Yo he ido afinando cada vez más mi forma de escribir y es cierto que, aunque le doy mucha importancia a la fase de corrección, cada vez corrijo menos. Pero sigo pensando que ese momento es fundamental porque uno se distancia de lo escrito, lo ve con perspectiva y termina redondeando el trabajo. No se trata de poner marcas a boli para limitarse a quitar, cambiar o poner, si no también de una lectura activa averiguando si está claro lo que uno quería expresar, si hay ritmo, etc. Al igual que pienso que escribir bien es muy difícil, corregir bien también lo es. A mí a veces me ha pasado lo que dices: restar frescura o no sentir la fuerza con que uno releyó el primer borrador. Es un peligro, claro. Pero muchas más veces he conseguido mejorar el resultado. Del último relato que estoy escribiendo voy por la 6 versión y puedo decirte que la mejora respecto a la primera es muy grande. Me alegra leerte por aquí. 🙂

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