El monstruo creativo II

Una de las mejores historias que escribí surgió de dos sesiones intensivas de escritura. Dos días nada más con unas doce horas de trabajo. Estaba desesperado y cansado de escribir cosas que no me apetecían, pero esta se desarrolló tan rápidamente que no me dio tiempo a pensarla demasiado.

2070211859_efaf777adf_zFotografía de Erwin Morales en Flickr

La lámpara comencé a escribirla con la idea tan simple de una mujer que dormía con su lámpara y le hacía el amor. Me pregunté los motivos por los que alguien podría hacer esto y lo escribí. A veces con ideas o imágenes como estas uno puede escribir 3.000 palabras o una pequeña novela de 40.000. Es lo que normalmente sucede. Pero también es cierto que otras muchas historias que he escrito de esta manera, llevado por el impulso, o se han quedado en el aire durante años o han sido historias flojas que me costó mucho concluir. Y tengo un buen puñado. Hace unos meses escribí 1.500 palabras en una sesión de 40 minutos. Me dejé llevar a partir de una idea que se me ocurrió al atardecer de un día de caminata. Esos cuarenta minutos me llevaron a una revisión de más de dos horas con un final diferente y, al final, obtuve una de las historias que marcará el tono y el estilo de una recopilación de relatos que espero pueda sacar pronto. Luego, ya he dicho más de una vez, a veces tardo en terminar alguna de mis historias incluso años. Creo que todo depende de si la idea precursora y el ambiente en que se desarrolla, el universo en que se plantó, en definitiva, tiene más o menos coherencia, es más o menos sólido, está más o menos bien construido, tiene más o menos obstáculos y éstos son más o menos difíciles de solventar.

No planificar me ha llevado a acumular mucho material en la mesa de trabajo. Tampoco es menos cierto que la gran mayoría de cosas que escribo surgen sin un plan predeterminado, pero siempre suelen partir de una idea desarrollada en varias líneas que he ido madurando durante meses.

Me debato, por lo tanto, entre estas dos formas de escribir: la espontaneidad y la maceración de la idea. Sin embargo, al final es el factor creativo subconsciente el que determina que una historia tome cuerpo sobre el papel. Y el subconsciente encuentra las preguntas antes de que uno se las formule: de encontrar o no las respuestas, se paralizará el proyecto o fluirá bajo los dedos. Supongo que la clave está en elevar el proceso subconsciente al consciente en la medida de lo posible, y eso se hace con la experiencia, con el trabajo.

Pero todo lo escrito anteriormente me lleva a la pregunta de quién escribe de verdad: si el escritor en sí o esa cosa que hay dentro de todos los escritores en realidad, ese monstruo multicéfalo y dodecápodo que rastrea y une cosas del mundo exterior que una mente en su sano juicio no haría o a lo que no vería necesidad de dedicar esfuerzo alguno. Quizá es que son una misma cosa, ¿no?

Es un tanto frustrante cuando se pretende controlar a ese monstruo, pero es mucho más gratificante cuando el monstruo se apodera de ti y te entrega una historia decente.

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Miércoles, 11 de enero de 2017: Sobre cementerios de libros olvidados y algunas conclusiones

Hace tiempo que tengo abandonado mi blog. Pero esa correspondencia virtual que mantenemos Benjamín y yo lo mantiene vivo. Hace tiempo que no hablo de teoría literaria, de lo que estoy leyendo o escribiendo, de reflexiones sobre el proceso creativo y demás cosas. No sé si he conseguido asimilar todo lo necesario para ser un poco mejor escritor que cuando comenzamos a escribirnos, pero sí siento que he recuperado las ganas de escribir como al principio.

 

Ya está aquí la carta de Benjamín (de hecho, lo hizo hace más de una semana) llena de reflexiones muy interesantes. Resalto una, lo que debería ser el centro de todo autor: respétate y respeta a los lectores. Seguro que el panorama literario independiente lo agradecería, y mucho.

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Libros - Benjamín Recacha García

Hola, Toni.

Desde hace un tiempo nuestros intercambios de impresiones en abierto se han espaciado bastante. Supongo que la razón es que antes de ponernos con una larga carta queremos estar seguros de tener cosas nuevas e interesantes que explicar. También debe haber algo de pérdida de frescura y de ímpetu, pero, en cambio, creo que hemos ganado madurez.

Cuando empezamos este bonito (y muy enriquecedor) experimento éramos más inocentes y románticos (al menos yo) en lo referente a la aventura literaria y editorial. Dos años y medio después han cambiado algunas cosas y hemos aprendido otras muchas.

Lo que no cambia es nuestra determinación por escribir, dedicándole todo el tiempo posible, y por mejorar. Yo emprendí el camino de la autopublicación, que me ha proporcionado gratísimas experiencias, y tú, aunque también lo probaste, preferiste centrar el grueso de tus esfuerzos en crear material con la calidad suficiente para llamar…

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Martes, 15 de noviembre de 2016: Éxito comercial, bonos regalo e informes de lectura

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Foto de Peter Bond (Flickr)

¡Hola, Benjamín!

 Escribe lo que se venda es una de esas cosas que supongo que todos querríamos hacer. Cuando uno se plantea la escritura como una forma de expresión íntima e incluso artística eso queda fuera de lugar, ¿verdad?, pero cuando uno busca intentar vivir de ello, desde luego, no es mala idea. Leí el comentario de Antonio Garrido en tu blog, de las interesantes crónicas de tu experiencia en el III Congreso de la AEN.

Otra más que apuntaste: «Hay que conocer las reglas de juego en el mundo editorial», lo cual viene a ser más o menos lo mismo del principio. Las editoriales quieren vender, está claro. Son una empresa, no una casa de caridad (esto lo leí hace un tiempo en Facebook). El problema (o a mí me lo parece) es que a veces ellas se equivocan también y ese mercado que creen basado en determinados gustos, en realidad, no existe o no es tan cierto. Los lectores, es verdad, quieren entretenerse cuando abren un libro, pero sus niveles de exigencia pueden ser más o menos elevados. Fundamentalmente los lectores quieren pasar un buen rato con unas páginas que les hagan olvidar el mundo exterior, sus problemas; que les permitan vivir aventuras, viajar a lugares lejanos en el tiempo y en el espacio y meterse en la piel de personajes que de otro modo sería imposible vivir, visitar o ser. Pero la forma en que los libros consiguen eso depende de muchas cosas, y a veces el mercado editorial creo que no va muy bien encaminado.

Te agradezco mucho las palabras que me dedicaste en tu última carta, en la que hiciste un nuevo recorrido de las cosas buenas que has conseguido gracias a tu esfuerzo. Tú camino sigue y sigue y, sabiendo que las cosas de palacio van despacio, sólo hay que seguir escribiendo, mejorar todo lo posible y esperar el momento en que la suerte, la calidad y, por qué no, los contactos te empujen más alto.

Esperar es complicado, lo sé. Más cuando uno ve a su alrededor a personas que lo consiguen de una forma que parece sencilla, casi a la primera. A nosotros ya nos llegará ese momento. Sea cuando sea. Supongo.

Hace unas semanas presenté «Autotomía» en Antequera y hablé un poco sobre lo difícil que es publicar en una editorial tradicional, pero también de las nuevas vías que permiten a cualquier escritor mostrar su trabajo. Expuse pros y contras, hablé de royalties, leí algunas de mis cartas de rechazo e intenté ser lo más sincero posible para ayudar (o no), de entre la veintena/treintena de asistentes, a quien quisiera emprender este (loco) camino.

Una de esas cosas que expliqué es que publicar en una editorial independiente para mí ha sido una enorme suerte que considero un pequeño paso más en un camino del que desconozco dónde se encuentra el final. Al fin y al cabo, soy un autor más con un libro más dentro del catálogo de una editorial joven, pero además soy un escritor más de tantos muchos otros que han publicado en tantas otras editoriales. No tengo duda de que mi editorial quiere vender mi libro, pero las formas de impresión de hoy día buscan minimizar los riesgos y conmigo ya no hay nada que perder. Lo que se venda se venderá, lo cual dependerá de muchas cosas, muchas de las cuales se escapan a mi control.

Así que estoy pensando en el siguiente paso de mi camino.

El pasado viernes estuve en la presentación de «Proyecto K», de Paco Gómez, un fotógrafo/escritor (co-fundador de NoPhoto) que lo ha tenido muy claro desde el principio: el crowdfunding y las redes sociales eran la manera en que iban a sustentarse sus proyectos. «Los Modlin», su primer ensayo repleto de fotografías, que encontró en la basura, ha llegado a vender casi 5000 ejemplares y en su día superó los 20000 euros en Verkami. «Proyecto K», su segundo libro, también ha alcanzado su objetivo, aunque no ha tenido (por ahora) el éxito del primero.

En la presentación del pasado día 14 en la fabulosa librería Áncora de Málaga, Paco Gómez desgranó su experiencia en el mundo de la autoedición (él edita en una imprenta de artes gráficas, lo cual se nota –y mucho– en el resultado final) y contó una anécdota: una gran editorial acordó con él la venta de «Los Modlin» en sudamérica, pero del gran volumen de libros que se comercializaron allí en un año no han llegado a venderse ni 300 (cuando acabo de decir que en su proyecto de Verkami las cosas le fueron realmente bien). No voy a darle demasiadas vueltas a eso. Las implicaciones y conclusiones de lo que acabo de decir ya las sabemos.

Regresando a las palabras de Antonio Garrido y a tus crónicas del III congreso de AEN, Paco Gómez ha conseguido hacer algo que le gusta y conseguir que la gente compre el resultado de su trabajo. Implicó a un gran número de lectores porque escribió un ensayo fabuloso sobre unos personajes reales asombrosos y este último libro suyo también está recibiendo muy buenas críticas de los lectores. Los libreros le apoyan y él sabe que de ellas depende en gran medida las ventas de su libro. No era escritor y sin embargo ha conseguido darse a conocer mucho más a través de los libros que en todo el tiempo que lleva de oficio como fotógrafo.

¿Cuánta gente intenta escribir libros comerciales y no consigue más que escribir malas novelas? ¿Cuántos prueban suerte en el crowdfunding y no consiguen que su proyecto salga adelante? ¿Cuántos autoeditamos para convertirnos en un producto más dentro de una inmensa lista de Amazon? ¿Cuál es la clave?

A las estrategias para darse un poco a conocer, hace poco descubrí una nueva: regalar bonos regalo a lectores para que te compren el libro. No sé hasta qué punto que te den dinero para comprar un libro compromete a nadie a dar una valoración buena del mismo (desde luego, no es mi caso), pero la considero una buena manera de posicionar tu libro entre los más vendidos y, en consecuencia, tener visibilidad y, en consecuencia, ventas. No paro de alucinar. Si así es como un libro debe llegar a los lectores, paren este tíovivo de deformidades que me bajo de la chepa.

Y acabo de decir algo muy importante: VISIBILIDAD. Parece la clave de todo. Ya lo hemos hablado. No importa ser mejor o peor. Tienes que ser visto para ser vendido. Y si eres vendido, luego ya vendrán las valoraciones y las quejas, pero tú te habrás enfundado la pasta. Lo saben bien los del premio Planeta, ¿verdad? Lo cual nos lleva de nuevo a las estrategias comerciales que algunos consiguen utilizar mejor que otros en un mundo realmente competitivo y agotador. Lo cual nos lleva a hablar del tiempo que debe disponer un escritor para darse a conocer y a dar a conocer su producto y el tiempo que pierde en escribir, en leer y en seguir aprendiendo. En fin, lo de siempre.

Si creo que hay algo que debería ser primordial en esta selva salvaje es escribir bien, y, como dice Antonio Garrido, conocerse, comprender por qué escribimos, y luego dar ese paso definitivo (si lo consideramos así) para dejar de lado nuestros gustos y movernos en el terreno puramente comercial. Es un paso complicado que algunos consiguen dar. Pero también es un paso que puede llevar a la nada.

Ya para despedirme, quiero contarte (y sé que me dejo muchas cosas, sobre todo referidas al III Congreso de la AEN, en los que supongo profundizaremos en cartas venideras), quiero contarte –decía– que de nuevo estoy participando en la valoración de unas obras para una editorial. Lo hago de forma gratuita, pero no por ello me lo tomo menos en serio. Me parece una oportunidad muy interesante de probarme en esto y saber si lo hago bien, adquirir algo de experiencia y, quién sabe, complementar la escritura con estas cosas ya de una forma remunerada (si se puede).

Hace muy poco terminé de leer una novela. No me gustó. Así lo reflejé en el informe de lectura, con sus puntos referidos a los aspectos lingüísticos y literarios bien detallados y con una valoración final donde expongo los aspectos negativos, los positivos, las posibles mejoras, entre otros elementos a tener en cuenta.

Siempre me he limitado, a la hora de valorar un obra (cuando se me ha pedido o me ha apetecido hacerlo –como es, por ejemplo, en tu caso–), a ir desgranando sin demasiado orden lo que se me pasaba por la cabeza, releyendo los párrafos subrayados y anotaciones que suelo hacer. Siempre he dejado claro que era MI opinión. Esto era algo más o menos parecido.

Me ha gustado mucho (a pesar del esfuerzo por terminar una obra que, desde las primeras páginas, no me interesaba) meterme en la piel de un lector crítico que tenía en su mano juzgar (dentro de sus limitaciones) si una obra merecía la pena o no ser publicada. Y en muchos momentos pensé en todo el trabajo de esa persona y en la ilusión porque su obra pudiera ver la luz.

Hay tantos tipos de lectores que estoy seguro de que esa obra que he desgranado con minuciosidad tras dos lecturas y que he considerado que no merecía la pena ser publicada, podría haber gustado a otro lector. Ahí están mis argumentos y la editorial decidirá si mi opinión es certera o no.

Por suerte (¡y gracias!), el segundo libro que estoy leyendo me parece excelente. Acabo de empezarlo y si el resto del libro es como ese principio, estaré encantado de poner mi granito de arena en ayudar a esa persona (dentro de mi humilde tarea en esa cadena) para que se publique su libro. Y si el día de mañana lo veo en una librería o leo una buena crítica en algún blog o alguna página de internet o revista especializada, podré decir que yo fui una de las personas que lo leyó primero. Porque si algo deseo es leer buenas cosas y que los buenos escritores (sea lo que sea esto que acabo de escribir) lleguen muy lejos.

En fin, como siempre, una carta más larga de lo esperado.

Antes de acabar, tengo que decirte que me alegro de que a pesar de todo el trabajo que podamos tener entre manos, de las idas y venidas, de la vida en general, sigamos escribiéndonos estas cartas que ya superan los dos años de vida. Esta vez no hemos sacado un libro recopilatorio, pero eso poco importa. Ni siquiera importa que nos lea más o menos gente, que comenten más o menos. Lo importante es que sigamos contándonos cosas y compartiendo, como haces de formas mucho más regular que yo en tu blog, una experiencia que puede servir para que otros aventureros entiendan mejor qué es esto de escribir y soñar con vivir de ello.

Te sigo leyendo cuando puedo y espero ponerme al día muy pronto de  tus cosas.

¡Un abrazo! ¡A seguir!

 Toni.-

 

 

Colaborando con Relee

Relee se define como “un grupo de escritores, profesores, lectores y expertos en edición que apuestan por la literatura de calidad creada en un entorno colaborativo”. Me interesan este tipo de proyectos si son un modo de apoyar a nuevos escritores y de sacarlos a la luz. Hace unas semanas, se pusieron en contacto conmigo (porque yo me había ofrecido a su vez a colaborar con ellos) para que seleccionara, según mi criterio, una serie de relatos de diversos talleres de escritura. Dediqué varios días intensivos a la lectura y valoración, y fue una experiencia muy interesante.

Entre los casi cuarenta relatos, encontré algunos con los que disfruté especialmente y deseo que ojajá terminen formando parte de un libro que aparecerá dentro de unos meses. Fue mi primera experiencia cercana a la figura del editor (tal y como yo lo concibo) y me lo pasé muy bien.

Estos fueron algunos de mis escuetos comentarios de algunos de los relatos:

Monólogo interior bien escrito pero demasiado expositivo.
Bosquejo. Exposición. Falta el drama. Final soso.
Me recuerda a Carver. Bien desarrollado. Final mejorable.
Bien escrito. Me desconcierta la relación de los personajes. Retocaría el final.
 En mi opinión, demasiado largo para lo que cuenta. Una nueva revisión, eliminando partes, lo mejoraría mucho.
 Relato con potencial, pero que pierde fuerza al dispersarse introduciendo demasiados elementos (…). Hacia el tercio final se vuelve confuso. Aun así, entretenido.
 Algo caótico. Evidente.
Muy buen relato. Divertido y con buen ritmo. Por ahora, el mejor. Si mejorara el final, sería un relato redondo.
Muy espeso, en mi opinión. Demasiado largo. Presentación de los personajes abusiva, corta acción y realentiza el ritmo.
 Buen estilo, pero relato demasiado largo y a veces enrevesado. Complicado de leer, en mi opinión.
 Buen ritmo, bien escrito, aunque me hubiera gustado encontrarme algo de diálogo. Final predecible.
Historia de fantasmas. En mi opinión, necesita revisión, acortar partes e incrementar ritmo para aumentar el interés del lector por la historia. Algo predecible. Necesitaría un final mejor, alguna sorpresa o giro.
 Aunque hay buenas maneras, en mi opinión es un relato tedioso. No me enganchó.
Para mí, debería ser el primero de los relatos que abra la colección. Un relato que se queda grabado en la cabeza. Me recuerda al “Grendel” de Gardner. Buena atmósfera, buen ritmo. Mantiene la tensión. Es el que más me ha gustado, aunque el final es mejorable.

Reitero mucho eso de “en mi opinión” porque, efectivamente, es mi opinión.

Por otra parte, he escrito hasta la fecha dos artículos sobre el terror publicados en la página de Relee que quiero compartir también en mi blog. Ambos arrancan con la figura de Lovecraft y su libro “El horror sobrenatural en la literatura”.

El primero aborda el proceso creativo del escritor de Providence.

H. P. Lovecraft nació en Providence en 1890 y es uno de los autores que más ha influido en la madurez del terror moderno. Admiraba a autores como Poe, Dusany o Blackwood, pero se consideraba a sí mismo un insignificante aficionado. Sin embargo, reflexionó en profundidad sobre el miedo y realizó un estudio en que analiza la evolución del género desmenuzando la obra de diversos autores. En este ensayo, titulado «El horror sobrenatural en la literatura», en su parte final Lovecraft expone la manera en que se enfrentaba a la escritura de una historia.

¿Cuál era el método de Lovecraft? Éste se dividía en una serie de puntos.

1) Primer boceto

Lovecraft dejaba volar su imaginación y conforme a una idea de partida (que podía surgir, por ejemplo, de la contemplación de un paisaje o de una emoción) escribía una serie de incidentes, imágenes y escenas sin importar el orden dentro de la narración. En este primer punto de su método, realizaba descripciones detalladas y comentarios que pudieran ayudarle después a componer la historia.

2) Segundo boceto partiendo del primero

En esta parte Lovecraft seleccionaba el material resultante del punto 1 y lo ordenaba con intención de crear un efecto dramático ascendente. No le importaba que se hubiera alterado o modificado por completo la idea de partida y, si surgían, añadía nuevos acontecimientos.

3) Escribir la historia rápidamente siguiendo el orden del punto 2

Lovecraft comenzaba a escribir dejándose llevar, «sin ser demasiado crítico», pero ateniéndose, en un principio, al orden narrativo resultante en el punto 2. Sin embargo, si el desarrollo del argumento le llevaba a encontrar nuevos cauces y mejores «efectos dramáticos», no dudaba en acogerse a ellos. Esto le obligaba, una vez más, a cambiar la narración y a readaptar el esbozo del punto 2.

4) Primera lectura crítica y corrección

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En el segundo intento explicar por qué se escribe terror.

Lovecraft decía que la razón por la cual escribía cuentos fantásticos era porque «le producían una satisfacción personal y le acercaban a la vaga, escurridiza, fragmentaria sensación de lo maravilloso, de lo bello, de las visiones que le llenaban con ciertas perspectivas, ideas, ocurrencias e imágenes». Lovecraft escribía por el placer de plasmar ese mundo interior y ver cómo se reproducía, como en la vivencia de un maravilloso viaje, en unas páginas.

Pero también explicaba, en ese pequeño libro titulado «El horror sobrenatural en la literatura» del que ya hablé en mi primera entrada en este blog, que su predilección por lo sobrenatural se debía a que ese tipo de relatos encajaban con su personalidad.

Por un lado tenemos una elección lúdica consciente y por otro una tendencia a una determinada literatura fruto de la personalidad, con todo lo que esto conlleva. Creo que en esas frases que se suceden en el apéndice final del ensayo de Lovecraft encontramos los elementos claves para comprender por qué elegir escribir terror o no y, en definitiva, por qué escribimos.

Para Lovecraft el miedo es la «más fuerte y profunda emoción, y una de las que mejor se presta a desafiar los cánones de las leyes naturales». El miedo toma formas diversas y, como explica Anne Devereaux Jordan en la introducción a la antología «Horror 5», el límite se encuentra en la imaginación del propio autor.

Pero sin el lector de terror, el escritor de terror no tendría sentido. Y la pregunta que titula este artículo bien puede dirigirse a él: ¿Por qué se lee terror?

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Presentación de “Autotomía” (CAC, Málaga)

¡Ya queda poquito! Los que el 22 de septiembre estéis en Málaga y alrededores (o viváis en cualquier lugar de España o del mundo y tengáis un jet privado o barco) podéis pasaros a verme y escucharme hablar sobre “Autotomía”. Estaremos en el CAC Málaga, Centro de Arte Contemporáneo a las 19 h. junto con el amigo Carlos Sedano y María Melero, la ilustradora de la portada y de los seis relatos que contiene el libro. María hablará de su proceso de trabajo y yo intentaré justificar por qué tenéis que comprar el libro y leerlo. Luego firmaremos ejemplares en Agapea Libros Urgentes. 🙂 Soy de los que piensa que en un libro está todo lo que el autor quiere expresar y punto. Todo lo demás es charlatanería. Pero lo pasaremos bien, sobre todo cuando haga mi número de la navaja y el cacahuete. Menudas risas… Espero que no muera nadie.

P.D.: Tal vez no haga el truco de la navaja y el cacahuete. Es muy peligroso.

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3 años; 1 libro

Hoy mi blog cumple 3 años y ayer salió a la venta mi primer libro de relatos publicado por una editorial. El libro ha sido ilustrado por María Melero y contiene 6 relatos de género fantástico y de terror. Si se vende bien, la editorial sacará la segunda parte con 6 relatos más, también ilustrados. El libro cuesta 15’95 y está a la venta en la web de la editorial Hidroavión. Los gastos de envío son gratis. Ahora decidid vosotros si merece o no la pena leerme, y si merece la pena o no que el segundo libro salga a la venta el año que viene.

Autotomía, de Toni Cifuentes

Jueves, 14 de julio de 2016: …y más dudas

(Esta carta es respuesta a la enviada por Benjamín, y es la continuación de la carta del 12 de julio.)

Siempre he tenido en mente la necesidad de publicar para darle un sentido a todo esto. Pero últimamente me he dado cuenta de que publicar no es tan importante. Aunque publique, seguiré escribiendo. Si nadie me lee, lo seguiré haciendo igual. Si me lee mucha gente debo pensar que he de escribir para mí porque, de otro modo, puedo decepcionarles. Los lectores son, por supuesto, quienes me permitirían escribir todos los días, vivir quizá de esto. Extirparían la necesidad de salir ahí fuera a pasar productos por un lector láser, o barrer una calle, o vender un seguro para el hogar. Claro, eso sería perfecto. Y sólo puedo conseguirlo con muchos lectores.

Pero uno no puede tenerlos en la cabeza si quiere saber de verdad qué clase de escritor es o hasta dónde puede llegar. Entre otras cosas porque hay muchos tipos de lectores y nadie puede predecir (por mucho que se empeñen algunos editores) cómo serán los lectores del mañana.

Hablando de intentar ser profesionales o semiprofesionales, cuando me quedé en paro y decidimos que era el momento de darle una oportunidad a esto de la escritura, una de las cosas que más me preocupaban era el hecho de que no tuviera la fuerza de voluntad suficiente como para no desistir, para seguir leyendo, escribiendo y aprendiendo. Incluso que descubriera no tener la capacidad para llegar más lejos. Percatarme de que lo que había escrito hasta la fecha era lo máximo que podía exprimir de mis dedos. También, que en algún momento me dejara de gustar lo que hacía, o que ya no tuviera nada más que contar.

Me enfrentaba a la prueba definitiva para saber, por fin, si escribir era de verdad lo que quería hacer con mi vida. Si alguien confiaba en mí, si una editorial me pedía al menos un libro cada año, ¿podría dárselo? ¿Lo haría bien? ¿Disfrutaría?

Porque, no nos engañemos, si al final vas a poner todas esas ganas para conseguir (con suerte) un salario/ingresos que no te dan ni para pipas, ¿no sería mejor trabajar en otra cosa, vivir medio bien, y escribir lo que a uno le gusta en sus ratos libres? Sí, es verdad, está el reconocimiento, el aplauso de los amigos y la gente que uno quiere, sentirse realizado al ver tu libro publicado por una editorial o en las listas de los más vendidos en Amazon. Pero, ¿y luego? Esto se convierte en un trabajo de verdad. Y tendrás buenos y malos días, plazos de entrega, tal vez encargos que no te apetezca hacer. Esa es la realidad de la mayor parte de escritores que viven, más o menos, de esto.

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Fotografía de Perri Scope (Flickr)

Supongo que cuando soñamos nos ponemos en la piel de un escritor de éxito, que recorre el mundo, que escribe cuando quiere, que le publican y le promocionan de forma salvaje, que la crítica quiere y el público ama. Escritores de cien mil, ¡un millón de ejemplares! Claro, esa meta no está al alcance de casi nadie.

Pero, está la duda, ¿verdad?

La pregunta, repito, es si estamos dispuestos o no a escribir y vivir de forma precaria esperando ese momento de gloria que puede llegar o no, que puede ser fútil o pasar muy deprisa para no volver nunca más. Ahí, en mi opinión, está la clave. Porque nuestra lucha está en convertirnos primero en un escritor de trinchera, en un guerrero de las letras que busca a esa princesa que salvar y a ese monstruo que decapitar. Y esa princesa y ese monstruo puede que lleguen juntos o por separado o no lleguen nunca; o mantengan relaciones entre ellos y del resultado surja un mutante muy chungo. No sé.

Las he pasado canutas, pero sé que sí, que yo puedo meterme en este berenjenal. No voy a entrar en todo lo que he escrito, cómo lo he escrito, qué he aprendido en todo este tiempo, en qué he mejorado. Sólo sé que me he convencido de que puedo hacerlo. Y después de todos estos años siento que tú también estás preparado.

Otra cosa es que tenga (tengamos) la oportunidad…

Lo cual no quiere decir que mi esfuerzo y mis ganas se frenen un poco, como ya ha ocurrido en el pasado.

Dentro de unos meses se cumplirán tres años desde que me quedé en paro. Me he apuntado a un curso en un hotel-escuela, he hecho las pruebas y me han aceptado. Ya dije en mi anterior carta que no podía seguir dándome de cabezazos sin sacar nada de esto. Así que pagaré la matrícula y en unos meses estaré otra vez ahí sentado, en una clase rodeado de chicos (mucho más jóvenes que yo), y aprenderé cosas nuevas y, espero, eso me permita trabajar y cobrar un salario pronto.

En ese tiempo seguiré escribiendo. En menor medida, pero lo haré. En ese tiempo puede que lo que he estado escribiendo durante estos años pueda interesar a alguien, a muchos o a nadie. Si nada pasa, seguiré escribiendo. Escribiré para mí, claro. Retándome cada día por hacerlo mejor, porque el lector que tengo dentro madura y tiene ganas de marcha.

A mí me parece que esa es la manera de enfrentarse a esto. Pero, claro, tú has logrado muchas cosas esforzándote por llegar todo lo lejos posible. Creo que has esprintado pensando que la meta estaba cerca. Ahora, simplemente, considero que tienes que coger el ritmo adecuado.

¿Por qué no has logrado más y mejores cosas? Partiendo de la base de que, repito una vez más, has conseguido mucho y de que deberías estar muy satisfecho, ese Benjamín ha quedado atrás. Todo lo que puedas lograr ahora partirá de lo nuevo que escribas, de lo bien o mal, de lo mejor o peor que lo hagas respecto a lo que  has hecho antes. Esa pregunta (¿por qué no he conseguido más?) no deberías hacértela ya. Puede que alguna de tus obras pasadas te dé alegrías inesperadas, pero el objetivo de todo escritor es superarse, afianzar lo bueno, depurar lo malo. Luego, cómo no, está el mercado y puede que una novela de un género o de un tema en concreto toque la fibra de muchos. Pero lo que sin duda te hará mejor escritor es escribir lo mejor que puedas. No hay mucho más secreto.

¿Qué camino hay que escoger: la autoedición, en papel o en digital, o una editorial tradicional? El éxito de los escritores que escriben y publican en editoriales importantes depende de lo buenos que sean, pero también de sus contactos, de si su libro aparece en la mejor fecha, de si se les ha promocionado bien, de si se reedita su obra cuando se vende la primera tirada,… Depende de todo eso y de muchas más cosas que conoces bien. Puede que una editorial, ya sea grande o pequeña, abra algunas puertas que la autoedición no. No tengo la menor idea. Cada año se publican muchos libros y a mí no me interesa la mayoría. Ser editor tampoco hace más listo a nadie, ni siquiera más ni mejor leído. Desgraciadamente, no puedo hablar mucho del mercado actual porque, salvo algunas excepciones, estoy desconectado del todo.

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Fotografía de Scott Law (Flickr)

Sí, una editorial te va a permitir olvidarte de todo ese esfuerzo añadido. Puede que no ganes mucho más dinero que publicando por tu cuenta, pero te quitará quebraderos de cabeza y quizá te haga disfrutar más del mero hecho de escribir. Lo más probable es que tengas que seguir compaginando las clases con la escritura (lo más sensato, por supuesto), pero puede que sea más satisfactorio esa espera hasta que, quién sabe, llegue el ansiado bombazo, la princesa y el monstruo.

Entrar en el mercado editorial tampoco es que sea fácil, pero hay muchas editoriales y creo que con un poco de paciencia, constancia y la calidad suficiente se puede terminar publicando en una. Hay que tener el ojo puesto en las nuevas, pero tampoco hay que olvidarse de las grandes. La mayoría no reciben manuscritos, las que lo hacen no suelen contestar, y tampoco publicar en una es garantía  de repetir en el futuro. Pero sí, creo que el mercado de la autoedición está saturado. El mercado tradicional también está saturado, pero el número de publicaciones está algo más controlado y a un sello editorial se le presupone una calidad y una visibilidad supuestamente mayor.

En cuanto a los certámenes literarios, ya te digo, si eso no te condiciona para nada en lo que escribes, me parece una opción muy buena. Puede que te dé muchas satisfacciones y alegrías. Desde luego, el dinero de los premios en algunos certámenes equivale a los royalties que se lleva un autor por tiradas de quinientos ejemplares o más. Además rellena el currículo y queda bonito.

Yo también me he puesto con el concurso de Amazon (de hecho acabo de volcar mi pequeña novela en kdp). He desempolvado una historia con la que me gustaría probar suerte. No sé qué conseguiré. Pero tampoco me ha supuesto un esfuerzo tan grande lavarle un poco la cara. Confío mucho más en los nuevos relatos que tengo entre manos. Lo que pasa es que el número de palabras es tan grande en la mayoría de ellos que la única salida es reunirlos en una antología y publicarla por mi cuenta o enviarla a editoriales. Estoy en lo segundo.

No sé si he conseguido ayudarte, aclararte algo o meterte más dudas en el cuerpo. Creo, en realidad, que en tu carta ya tenías las respuestas. Desde luego, sabes que tienes a un compañero en la lejanía para echarte una mano en todo lo posible, y espero, como dices, que bien pronto podamos tomarnos una cerveza y charlar en persona de estas y otras cosas. De política hablaremos poco, ¿verdad? Creo que no, que rajaremos de Rajoy. Ese tema saldrá seguro.

Ya pasan de las 8:30, he escrito más de 3700 palabras y es hora de acabar y de tomar el desayuno. Creo que es la carta más larga que te he escrito jamás. Disfruta de tu día, sigue intentándolo y no desistas, porque sé que vas a llegar lejos.

¡Un abrazo!

Toni.-

Martes 12 de julio de 2016: dudas…

¡Hola, Benjamín!

Ayer me escribiste tu carta. Ahora son poco más de las 7 de la mañana. Esto lo publicaré el martes 12 y el jueves 14, en dos tandas, porque creo que me va a quedar largo.

Llevo despierto desde las seis y apagué la luz a las doce y media de la noche. La ciática es lo que tiene. Además, creo que lo que me está trayendo de cabeza es el piramidal, un músculo que a algunos humanos a veces les amarga la existencia… Stephen King empezó a leer «Juego de Tronos» en las madrugadas en que no podía dormir por este mismo problema. Hoy es la primera vez que utilizo mi insomnio para hacer otra cosa que no sea deambular y buscar la manera de paliar el dolor estirándome y adoptando posturas raras en cualquier sitio. No ha sido mala idea ponerme a escribir.

Porque sí, sigo con el problema. En realidad, he mejorado bastante. Puedo dormir esas cinco horas del tirón, e incluso si he tenido un buen día me despierto a las 7 y pico. Ya puedo moverme sin parecer una alcayata, sentarme un poco de vez en cuando… El problema es que, descubrí, mi cuerpo no tolera bien los antiinflamatorios y eso estaba ralentizando la recuperación e incluso empeorando el asunto. El diclofenaco, el ibuprofeno, me he hecho casi alérgico a esa porquería a base de ponerme cremas y de tomar pastillas. Me salió un sarpullido. Yo ya me notaba muy cansado a veces, incluso con mareos, y que la inflamación que había bajado volvía a subir otra vez sin motivo aparente. El sarpullido me cubrió la frente, la espalda y los hombros. En fin, he dejado esas drogas. Ahora tomo manzanilla, cola de caballo, salvia, infusiones cada dos por tres. La inflamación está mejor, pero todavía tengo que ser paciente.

Te estoy escribiendo de pie. Hemingway escribía de pie. También lo hacía Dickens. Y Virginia Woolf. Dos Passos. Nabokov escribía de pie, aunque terminaba sentándose el muy cobarde. Hay unos cuantos, no sé si por problemas de espalda, por comodidad, por falta de espacio. La cosa es que me he acostumbrado y no descarto seguir haciéndolo cuando me ponga del todo bien. Resulta algo incómodo, pero no tanto como parece, y tiene sus ventajas.

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Knut Hamsun en 1936. “Hambre” es una de las obras que más me ha gustado leer este año.

He encontrado un buen sitio en el comedor donde tengo una estantería. El ordenador portátil está en la balda de encima, el teclado en la inmediatamente inferior. En la siguiente tengo el teléfono, el reproductor de música. Al lado, la tele. Tengo un cuadro delante, una lámpara a mi izquierda. En fin, si hay que escribir, se escribe como sea.

Pero en realidad en estos últimos meses no he escrito demasiado. Casi todo ha sido corregir y seleccionar nuevos relatos, preparar ese libro que debe de estar a punto de ver la luz… Espero. Como te dije, prefiero no pensar mucho en cómo va a ser, si se venderá bien y tendrá una segunda o una tercera edición, si tendrá buenas críticas… A veces fantaseo. Claro, sería fenomenal que pasaran cosas buenas, pero intento no pensar en ello.

Me alegro mucho de que después de esa sequía hayas conseguido ponerte a escribir tanto. Nos mandamos algún correo y te dije que 5500 palabras me parecía un buen número. Hablamos de palabras porque cada cual tiene un formato de página diferente, un tipo de letra y un tamaño al gusto. Yo, por ejemplo, escribo con la Times New Roman, tamaño 16. Mis páginas rondan las 340 palabras. Yo me conformo con escribir unas seis páginas, alrededor de 1800/2000 palabras. En un día bueno consigo llegar a las 3000 y, claro, eso a veces ha significado empezar y terminar un relato en una misma tarde.

Lo último que he escrito supera las 10000 palabras. Me he ido alejando poco a poco de esos relatos cortos que escribía con una mirada puesta en los concursos literarios. Creo que los dos años que dediqué a escribir para concursos, aunque aprendí mucho, me limitaron bastante. Quiero terminar sintiéndome seguro como para reemprender de nuevo la escritura de una novela. Tengo algunas buenas ideas, pero me falta la determinación y, por supuesto, la confianza como para pensar que voy a hacerlo bien. Escribir relatos cada vez más largos es mi camino. Y también quiero sentir que no estoy perdiendo seis meses en escribir algo para nada. Sí, es cierto, podría autopublicarlo, pero mis experiencias por ahora no han sido satisfactorias en ese campo.

Supongo que precisamente por esa insatisfacción, pero sobre todo por tu ambición y perspectivas, que estás teniendo tantas dudas. Ser independiente es complicado, lo sabes mejor que nadie. Conocemos a autores, como Isaac, que lo están haciendo muy bien. Yo creo que tú también lo has hecho muy bien. Pero ese éxito depende de muchas cosas. Por supuesto, de lo bien que escribamos, pero también de en qué género lo hagamos, los gustos de los lectores, porque el mercado manda. Y, cómo no, como bien dices tener un carácter y esa capacidad de interesar y conseguir que la gente te siga y se interese es también un factor que puede ser determinante. Haber creado y consolidado una red de “amigos” es algo que, en estos tiempos, ayuda muchísimo.

A veces, es verdad, la calidad literaria no lleva al éxito. He leído novelas de autores independientes muy seguidos en las redes y con unas ventas más que notables que me han parecido malas. Luego he leído cosas de otros autores  en la sombra que me han parecido más que interesantes. Sí, puede que eso tenga que ver con que en las redes sociales unas buenas campañas hacen más que un estilo literario fabuloso. Y, en realidad, poca diferencia parece haber con el mercado tradicional. Tal vez un editor busca buenos escritores, pero desde luego no le hará ascos a alguien que tenga cien mil seguidores ni tampoco dejará de promocionar a su escritor estrella aunque haya escrito un truño. Escriban lo que escriban unos y otros, dirán que es lo mejor de lo mejor, tendrán su respaldo mediático y su correspondiente respuesta en la masa. Así son las cosas.

De nuevo, todo esto se trata de un negocio. Por muy idealizado que podamos tenerlo nosotros, los escritores que amamos la escritura, e incluso los lectores, que aman leer, esto es lo que es: un mercado. Aspiramos a publicar, a consumir literatura de calidad (esa calidad que hemos intentado definir tantas veces) y a generarla. Pero depende de la cultura de la gente, de sus inquietudes, etc, y no sé si se está preparando un mercado ideal para un futuro halagador. O quizá me equivoco, no tengo mucha idea de esto. Quizá sea el mejor mercado para nosotros.

Parece que el número de lectores desciende, pero al mismo tiempo hay muchos más escritores y editoriales que se tiran a la piscina. No sé si unos y otros no conectan, o como leí hace poco, hay demasiados escritores que no han leído lo suficiente. Era una dura crítica que no llegué a terminar. Pero ese pensamiento me ha asaltado más de una vez: escritores que no tienen ni idea de lo que se traen entre manos, que no están interesados en leer, si no sólo en escribir. Es curioso…

Y yo puedo considerarme, en cierta forma, culpable también. No es que me avergüence de mi cultura literaria: me he esforzado (y sigo haciéndolo) en leer a los grandes, estudiarlos y comprender mejor qué es la buena narrativa. Pero me gustaría saber más, haber leído más todavía. Aunque, sinceramente, esto no es garantía de nada. Y tampoco soy tan elitista y estúpido para pensar que sólo un académico es capaz de escribir los mejores libros. Algunos escriben MIERDAS y he leído cosas de escritores con pocos estudios que eran fabulosas.

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Foto de Stephen Cleary (Flickr)

Ahora, leer mucho y haber estudiado otro poco, brinda los recursos narrativos y el lenguaje para expresarnos de la manera más acorde a nuestros intereses como autor. Esto es que es de cajón. Bueno, no tengo muchas ganas de meterme en estos jardines. Sólo diré que acercarse a ciertos escritores es casi una obligación, entre otras cosas para no mojarnos en los pantalones cada vez que escribamos una de esas frases llenas de sentimiento o pongamos un punto y coma en el lugar adecuado. Es decir, para que nos demos cuenta de dónde nos encontramos cuando escribimos nuestras “cositas”. Leer a Hamsun, a Steimbeck o a DeLillo, por ejemplo, es un buena cura de humildad; o un referente ideal; o la forma de comprender hasta dónde podemos llegar y hasta dónde no y pulir con modestia lo que somos.

Un escritor debería buscar su camino en los libros antes o mientras escribe. Hacerlo sin estar interesado por lo que es tu material básico de trabajo es demostrar vagancia, además de un poco de soberbia y de estupidez. Por eso es porque han proliferado tanto los servicios literarios. Se nos ha convencido de que es muy fácil escribir, que todo el mundo puede hacerlo, pero que al mismo tiempo tienes que hacerlo sin errores gramaticales y, para ello (no te preocupes), no hay nada mejor que pagar a  un corrector ortotipográfico para que haga el trabajo sucio.

No. Lo siento. En mi opinión, el BUEN escritor DEBE escribir bien en todos los sentidos.

¡Claro que luego será necesario que alguien relea nuestro trabajo y corrija esas cosillas que se nos han escapado! Pero normalmente de esto se hace cargo la editorial. Y un escritor no paga por ello (aunque en realidad sí lo hace al entregar el 90% de los derechos de su obra a la editorial).

Pero, si somos escritores autoeditados, joder, qué menos que hacer ese esfuerzo, ¿no? Más cuando es muy probable que lo que pagas por uno de esos servicios literarios no vayas a recuperarlo nunca vendiendo esos mismos libros tan bien corregidos.

Para mí un escritor necesita ser su primer corrector y su primer crítico para ir por el buen camino.

Yo he sido estúpido y soberbio. Y, ¿por qué no?, sigo siéndolo. Yo también creo que lo que escribo puede interesar a la gente, que mis libros pueden estar al lado de otros grandes escritores y que alguien puede decidir llevarse el mío antes que el nuevo de Stephen King. ¿Qué le vamos a hacer? Pero también he tenido muchas veces ese pensamiento: no hace falta escribir más, todos los buenos escritores ya lo hicieron antes que tú. Sobras.

En realidad es mentira. La forma de escribir y de ver el mundo cambia cada segundo. Yo necesito a más escritores como Bukowski. Me he leído casi todo lo que ha escrito este tío. QUIERO MÁS. Y me entretengo recreando mis propios universos mientras tanto. Porque escribo para mí, para saciar mis ganas de lectura. Me releo y paso el rato. Con otros escritores me resulta más difícil, aunque no me canso de intentarlo. Me aburro de lo que me cuentan y de su forma de contármelo.

Y nada de lo que acabo de decir me hace mejor escritor ni mejor lector. Simplemente busco rellenar un vacío escribiendo. Si eso me lleva a algo, a publicar, a que me lean personas con gustos afines a los míos, a seguir publicando, pues fenomenal.

Y bueno, podemos entrar más profundamente en este tema: que si el escritor escribe para ser leído, que si no, que si tal, etc. Sí, se escribe para ser leído. Pero como digo, primero creo que tenemos que escribir para gustarnos a nosotros mismos. Para leernos nosotros con un sentido crítico exigente. Los habrá que escriben para un mercado, con el ojo puesto en lo que se lleva ahora, yo qué sé. Pero me parece que los grandes libros, los que han perdurado, se han hecho a base de algo más profundo que mirar las estanterías de los más vendidos. No digo que sea malo escribir para vender. Pero, lo siento, yo (en la mayoría de las ocasiones) no consigo disfrutar de esa literatura. Y eso que, para mí, entretener debería ser la base principal de cualquier libro.

(Esta carta continúa el 14 de julio.)

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