Martes, 31 de octubre de 2017

¡Hola, Benjamín!

Curiosamente podría comenzar esta carta diciendo:

«Ha pasado casi medio año desde mi última carta, un tiempo en el que escribir se ha convertido en una actividad secundaria. Y cómo lo he notado».

Es decir, podría comenzar con las mismas palabras con que me escribiste tu última carta a finales de junio.

En mi caso, han pasado cuatro meses desde que me escribiste y, vaya…, ocho meses desde la última carta que te escribí. Esta sección de «Cartas a un escritor», creada por ti hace unos cuantos años, mantiene algo vivo mi blog.

En tu última carta también me contabas lo que echabas de menos escribir, tu nuevo empleo (de lo que me alegro mucho), las lecturas nocturnas a tu hijo, las sesiones de escritura que has conseguido mantener y te han permitido poner punto y final a Centrifugando recuerdos, que te prometo leer cuando la tengas editada. Y, bueno, muchas cosas más.

Yo también he echado mucho de menos escribir. Aunque concluí veintiún relatos escritos de forma enfervorecida entre abril y junio, la mayor parte han sido cosas que tenía prácticamente terminadas. El último relato que escribí, de algo más de dos mil palabras, me lo saqué de la manga en una sesión de tarde allá por el mes de julio. Desde entonces, sólo he ido anotando ideas y he reunido algunas que me parece tienen suficiente chicha como para que dedique mi tiempo a desarrollarlas.

Estoy seguro de que si nos sentáramos hoy a hablar frente a un refresco o una cerveza, tendríamos muchas cosas que decirnos, por supuesto no sólo de política, si no también de todo esto de escribir y hasta dónde nos han llevado estos cuantos años de soñar despiertos.

En septiembre del año 2013 abrí este blog con la intención de colgar un libro de relatos en versión digital al que dediqué mucho tiempo, en el que llegué a involucrar a mi pareja y a un amigo de Barcelona y en el que puse muchas esperanzas. En julio de 2016 algunos de esos relatos tomaron forma física a través de una editorial. Ya ha pasado más de un año desde la publicación de Autotomía y ese libro me abrió mucho los ojos y terminó de convencerme (al fin) de cuál era el camino que debo seguir a partir de este momento.

Podría dedicarle muchas líneas a ese proceso de autoconvencimiento, pero sería bastante aburrido. No me he sentido en ningún momento decepcionado. Era un paso que deseaba dar y sabía que los resultados dependían de muchos factores. A modo de resumen: hay muchas editoriales independientes, hay demasiados escritores con los mismos sueños que nosotros y, por desgracia, hay pocos lectores para absorber toda esa cantidad de títulos. Además, moverse en ese mundillo implica dedicarle un tiempo adicional a relacionarse con editores y otros autores, a consolidar una red que te permita tener ciertas facilidades y visibilidad. Pero ese pequeño remojón que me di a través de mi libro y, por supuesto, el tiempo dedicado a mi trabajo en esa magnífica librería malagueña que es Áncora junto a quien se ha convertido en un buen amigo, me han hecho ver que esto de la literatura necesita de un tiempo y esfuerzo demasiado grande que no está recompensado de ninguna de las maneras, por lo menos en mi caso. Hay que comer, claro, pero también encontrar un equilibrio entre el esfuerzo y la ganancia. Esa ganancia no tiene por qué ser sólo económica, pero la económica, repito, da de comer.

Para mí, escribir nunca ha sido una llamada de atención ni una forma de engordar el ego. No me gustan las presentaciones (aunque tengo tablas y me desenvuelvo bien) y, aunque me gusta mucho hablar con personas que han leído mis historias y conocer sus impresiones, el trabajo ya ha concluido una vez el escritor ha hecho su parte del trabajo, que es escribir y publicar. Quiero decir: no siento una satisfacción tan grande en todo eso como para que me compense las horas que dedicado a escribir. ¿Entonces?

Alguien podría pensar que lo que me ha movido siempre ha sido el dinero, lo económico. Sin embargo, siempre he sabido que lo que podría sacar de esto sería muy poco. Puede que en mi juventud soñara con ser un escritor de best-seller. Eso se ha ido desinflando con la madurez y el mundo real. En algún momento, también es verdad, valoré la posibilidad de ganar concursos. Como si eso fuera fácil… Poco a poco, puede que debido a no haber ganado ninguno, me he ido desinteresando de todo ese proceso de selección, corrección, impresión y envío. Veo ridículo en los tiempos que corren que un concurso pida relatos impresos y, bueno, sobre gustos, colores. Así que, ¿para qué escribo?

Planteándome esta pregunta a lo largo del tiempo (sobre todo en los últimos meses), he reafirmado lo que siempre he sabido: escribo para pasar el rato, para disfrutar leyéndome, para divertirme, al fin y al cabo. Escribo para mí y, por lo tanto, no puedo aspirar a nada más que a eso: a dedicar un tiempo entreteniéndome con algo que me llena y me permite desarrollar mi faceta artística y creativa. Puede que me tome muy en serio esto de escribir, claro que sí, y puede que mi capacidad creativa esté por encima de la media. Puede. También puede que con el tiempo escriba mejor. Pasarán, quizá, años hasta que llegue a mi máximo nivel. Pero eso no importa mucho. O sólo importa un poco cuando me hago la siguiente y última pregunta: ¿qué voy a hacer con ese centenar y medio de relatos y otros escritos que tengo? ¿Y con los siguientes que escriba a partir de ahora?

Y aquí es donde entra la cuestión que quiero tratar en esta carta.

Me parece absurdo guardar mis relatos, guiones, obras teatrales y otros experimentos en un cajón. Podría enviar mi material a editoriales. Siguen apareciendo nuevas y, afortunadamente, muchas de ellas siguen estando abiertas a la recepción de manuscritos. Aunque tampoco quiero entrar en ese proceso largo y tedioso de espera. En el mejor de los casos terminaría olvidándome de a quién envié qué y cuándo, pero tendría ese runrún en la cabeza y esa inquietud que, probablemente, me desconcentraría de mi verdadero objetivo. Además, debería seleccionar las editoriales y hacer una selección de los relatos a enviar. Me convenzo a mí mismo de que la mayoría de editoriales no publican relatos y, si lo hacen, éstos deben de ser de un género determinado. Y, además, la mayor parte ya tienen su catálogo de autores que termina por consolidarse rápidamente. En fin… Puede que sean excusas. El esfuerzo me parece demasiado grande cuando creo que hay un camino más fácil para mí.

Así que he concluido lo siguiente, más o menos:

  • Voy a seguir escribiendo, como hasta ahora, cuando me apetezca y lo que me apetezca.
  • Voy a publicar de forma gratuita, ya sea a través de este blog o a través de una nueva página web todo lo que escriba.
  • Publicaré un relato cada semana.
  • Los mejores puede que formen parte de un libro recopilatorio, que quizá venda en formato digital o impreso a través de un crowfunding, si hay suficientes interesados (aunque este paso depende de muchas cosas y tampoco es el fin último de mi decisión).
  • Si alguna editorial se interesa por lo que hago, sólo tiene que ponerse en contacto conmigo (de nuevo, esto es secundario, pero no soy tan tonto como para cerrarme las puertas a nada ni a nadie).

Así están las cosas. Llevo tiempo pensando en montar esa nueva web con un formato sencillo para que quien quiera se descargue mis historias. Parece que todo vuelve al principio, cuando mi intención era sacar a la luz cosas que tenía guardadas en un cajón, simplemente, para que me leyeran, que ya es mucho. Por fortuna, desde este verano he comenzado a trabajar. Vuelvo a ser guía y me siento muy contento por ello. Tengo un salario estable, compañeros a los que aprecio mucho y un trabajo en el que me desenvuelvo bien y me gusta. También es un trabajo que, si me organizo, me permite tener tiempo para escribir. Ese trabajo me quita, además, presión de encima. Un escritor no debería estar pensando en si lo que va a escribir se publicará o no, ni mucho menos cuánto dinero le reportara para poder pagar las facturas. La mayor parte de escritores tardaron sus buenos años en lograr vivir de escribir y, mientras escribían, tenían un empleo que nada tenía que ver con la escritura, en la mayoría de casos. Luego hay autores privilegiados, a quienes mantienen sus parejas, o que provienen de familias adineradas. Autores que bien podrían haberse dedicado a la pintura que a cualquier otra cosa y cuyos contactos les hubieran permitido triunfar. Porque no voy a engañar ni molestar a nadie si digo que este mundo de la literatura está lleno de amiguismo y de enchufismo.

 

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Aquí trabajo (foto de Mario Madrona)

Así que seguiré escribiendo y publicaré mis historias como he dicho. No me importa que alguien pueda pensar que no es justo que un autor regale sus cosas. Lo hacen otros muchos autores en otras disciplinas. Pero qué más da quién lo hace y quién no. Yo voy a hacerlo y punto. Seguiré siendo ese “autor” desconocido que soy ahora.

En fin, esta carta termina aquí. Seguiremos en contacto, ya pasen más o menos meses, siempre hay cosas nuevas que contar.

¡Un abrazo!

Toni

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2 comentarios en “Martes, 31 de octubre de 2017

  1. Es un lugar para trabajar inmejorable, no imagino mejor oficina que estar en contacto continuo con la naturaleza. Algún día (no lejano) tengo que patear esas montañas.
    Como te decía, hemos llegado a conclusiones muy parecidas. Escribir tiene que ser motivo de placer, no de angustia. Pensar en la escritura como modo de vida, y agobiarte al comprobar lo improbable de llegar a conseguirlo, no es bueno.
    Recuerdo los tiempos que siguieron a la publicación de ‘El viaje de Pau’ con alegría; fue una experiencia maravillosa, pero también recuerdo todo el trabajo que implicaba tratar de mantener una mínima visibilidad, lo agobiante que puede llegar a ser pasarte el día ingeniando maneras de promocionar tu obra.
    Y es verdad que con mucho trabajo, tenacidad y constancia un autor independiente puede llegar a hacerse un hueco muy meritorio en el mercado, pero hay que invertir demasiado tiempo y energía sin tener en ningún momento la garantía de que habrá un retorno que compense.
    No es algo que uno pueda plantearse como objetivo ni siquiera a medio plazo, así que lo más sensato (y sostenible) es dedicar la energía a escribir, sobre todo si las necesidades de sustento las puedes cubrir de otra manera.
    Yo, salvo con mi primera novela, no he vuelto a plantearme buscar editorial de forma activa. Comparto al 100% tu reflexión. Lo que no significa que renuncie a publicar algún día si se presenta una oportunidad interesante. Ya veremos.
    En cualquier caso, seguiré escribiendo, lo que me apetezca, y, como tú, publicaré mis textos de la forma que me apetezca.
    Y, por supuesto, seguiré compartiendo mis experiencias mediante estas cartas, aunque se espacien en el tiempo.
    ¡Un abrazo, colega!

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