Una reflexión previa a un verano infernal

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Foto de Artur (Flickr)

Espero que eso de “verano infernal” no sea cierto. Ojalá sea un verano fresquito. Que llueva algunas semanas, que haya brisa fresca del norte, que la Tierra no se destruya.

Hoy me he parado a contar los relatos que acumulo desde que en 2013 comencé a tomarme más en serio esto de escribir, olvidándome de muchos otros años y de esas largas temporadas en que lo que acabo de decir también es cierto.

Ciento cinco relatos. Esa es la cifra: 105. Seis de ellos publicados en «Autotomía», con sus faltas y sus cambios de nombres de personajes, pero publicados e ilustrados por una editorial independiente. Algunos pocos conocidos, finalistas, premiados e incluso publicados en revistas o en recopilaciones de las que pocos o nadie se acuerdan. También los hay en alguna web como esta de Zombies, que parece haber pasado a mejor vida. Incluso recopilé algunos cuantos adoptando siglas de diferentes nombres en una revista que me dio por llamar Ticon Tila Titi. La gran mayoría siguen, de todas formas, escondidos.

Después de casi cuatro años escribiendo con intensidad (aunque bastante menos a finales del año pasado y, sobre todo, de lo que llevamos de este), la cifra me resultaba (en pasado) muy penosa cuando comencé a escribir esta entrada. Sin embargo, conforme avanzaba, he dejado de lado mi habitual tendencia a la autoflagelación y, finalmente, he llegado a la conclusión de que escribir alrededor de unos 25 relatos por año, unos 2 relatos por mes, tampoco está tan mal.

(En realidad, siento que podría haber escrito un buen puñado más y no me quito del todo esa espinita).

Un 60% de los relatos que he comenzado a lo largo de ese tiempo no han llegado a su fin. Algo muy habitual entre los escritores. O me consuelo pensando que es así. Más de 150 relatos siguen esperando su momento o, sencillamente, van a pasar a formar parte de mi proceso de aprendizaje, vías alternativas de experimentación que no terminaron de cuajar o momentos pasajeros de inspiración que no cogieron el suficiente impulso.

Así que llevo un tiempo pensando qué hacer con todo eso y, bueno, esperando aumentar significativamente el número. Porque, en el fondo, considero que 105 relatos son más bien pocos.

Quizá el problema de que no terminara la mayoría resida en su extensión. Me costó mucho, cuando decidí animarme a enviar mis relatos a concursos, adaptarme al límite de 1500 palabras de la mayoría de bases. Solía escribir relatos de una extensión que duplicaba esa cifra e, incluso, la triplicaba. Me sentía cómodo desarrollando mis historias de un modo pausado. Ahora, cuando dispongo de menos tiempo y, sobre todo, soy consciente del esfuerzo dedicado a escribir relatos que es más que probable que ya no termine nunca, he decidido concentrarme en desarrollar relatos de extensión mucho menor, precisamente como cuando escribía para concursos.

Espero, de esta manera, que mi estilo madure todavía más y, por supuesto, adquiera una mayor experiencia y habilidad a la hora de enfocar, estructurar y finalizar mis relatos.

Mi intención es escribir relatos en un día o dos. Tirar de esas viejas ideas que tengo y, tal vez, terminar algunas historias a medio escribir.

Aun así, por encima de todo, mi meta es convencerme por completo de que no importa el resultado. No quiero pensar si lo que estoy escribiendo es mejor o peor ni mientras lo escribo ni cuando lo termine de escribir. Sé que un porcentaje elevado no serán buenas historias. A pesar de esto, considero que voy a aprender mucho si consigo acumular otro puñado de relatos a mis espaldas y lo hago a un buen ritmo. Sólo por eso debería importarme un cagarro lo que surja de mis divagaciones. Voy a esforzarme por meterme eso en la mollera.

Esta entrada continuaba divagando sobre qué podía o no podía hacer con esos relatos que ya tengo escritos y también con los que puedan salir a partir de ahora. Lo voy a dejar para otro día porque, sinceramente, no me importa. De verdad, quiero disfrutar escribiendo en los momentos, cada vez menos, que tenga, sentir la emoción de haber terminado una nueva historia y que puedo pasar a la siguiente.

Hacía tiempo que no escribía en este blog y tenía ganas de hacerlo después de que la semana pasada terminara un relato al que siguió uno más titulado «La gran C» escrito en tres días y de una extensión de 5000 palabras (muchas más palabras de las programadas y en un día más de lo esperado, pero tampoco voy a ser tan radical con mis exigencias). Me parecía un buen momento para ello. Así que ¡aquí estoy!

¡Muchas gracias por leerme y hasta pronto!

 

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4 comentarios en “Una reflexión previa a un verano infernal

  1. Me alegra que vayas abandonando esa mala costumbre de autoflagelarte, y me alegra que le des vidilla al blog. Puedo presumir de haber leído un porcentaje respetable de esos relatos, y no te doy ninguna noticia si te digo que la mayoría me gustaron mucho. Ojalá encuentres alguna editorial que se decida a publicar algunos de ellos, y si no, ¿qué importa? Cuando te apetezca los publicas por tu cuenta, los regalas o los entierras en una cápsula del tiempo, qué se yo. El caso es que puedes estar muy orgulloso de todo ese trabajo, porque, independientemente de lo satisfecho que quedes del resultado final de cada uno de esos relatos, todo suma.
    Te debo una carta, y algunas respuestas. A ver si soy capaz de organizarme para ir dando salida a todo lo que tengo pendiente, que es mucho, y poco el tiempo disponible.
    ¡Un abrazo!

    1. Aunque tengo muchas ganas de leer tu carta, de saber cómo te van las cosas, sé que tu tiempo es limitadísimo. Valoro mucho más tener este blog y habernos escrito esas cartas ahora porque lo veo todo en perspectiva y me recuerda que, aunque las cosas cambien y la necesidad de encontrar un trabajo apremie, no puedo olvidarme de escribir. He dejado una larga temporada la escritura de lado y, como te ocurre a ti, me doy más cuenta de lo que lo necesito. Independientemente de cuál sea la finalidad “comercial” (si es que la hay), no puedo olvidarme de que lo fundamental reside en que es una necesidad que condiciona mi carácter y me hace sentir mejor conmigo mismo. Así que, como bien dices, si tengo que regalar mis relatos, lo haré. Si acumulo doscientos, trescientos o mil, ya veré qué hago con ellos. Pero me da igual porque, además, sé que ese destino no va a darme más ganas de escribir. El hecho de intentar ganarse la vida con la escritura es sólo una forma de centrar todos los esfuerzos, precisamente, en escribir. Pero, la verdad, me siento más libre así, más cómodo y con más ganas de escribir que nunca, sin esa presión de saber qué va a pasar después. Sólo tengo ganas de encontrar un trabajo estable que me permita tener algo de tiempo libre para escribir, y si no lo tengo, ya lo buscaré. Gracias por seguir ahí, de verdad. ¡Un abrazo!

  2. Contrario a lo que puedas pensar, si dices que tienes tantos, y de tal extensión, creo que eres súper prolífico.

    Entre los que han sobrevivido (he perdido muchísimos entre formateos, cuentas de correo perdidas, etc), cuento en algo así como 200-250 (prometo contarlos pronto) los que sí llevé a término, muchos (muchísimos) de los cuales no rebasan las 1,000 palabras. Algunos ni las 600. A diferencia de ti, yo escribía historias como si fueran pequeños poemas. Escenas que iniciaban y acababan de golpe e intentaban demoler al lector (o mejor dicho, y para qué hacerme el cool, me demolían a mí).

    Te leo y no deja de llamarme la atención que tu cementerio de cuentos-relatos sin “cuajar” sea tan extenso. Insisto cuando digo -aunque no sé si ya lo dije o sólo lo pensé- que de dónde sacas que pudiste haber escrito muchos más.

    Saca cuentas. Ve la extensión de tus historias. Historias de 4,000-5,000 palabras son abominablemente largas si es que juntas más de 100. Imaginalo. Ya tienes entre 300,000 y 500,000 mil palabras entre puros relatos escritos en no muchos años. Y apenas tienes como tal un puñado publicados. ¡Cuántos te faltan! ¡Cuánto material! (es que, lo juro, nada más imaginar todo eso en libros y me imagino una repisa llena).

    Justo caí en tu blog porque me di cuenta de que aun no leo tu libro (el que me mandaste, el borrador de cuentos que habías preparado como para ser publicado o algo así). Y será mi próxima lectura de cuentos, porque me parece increíble que ya lo tenga hace 1 año y aun no lo empiece (si me sirve de excusa, llevo 15 años sin terminar “Dublineses” de Joyce. Lo empecé a los 11 y lo vuelvo a empezar -sin terminarlo-regularmente).

    No sé si te sirva de algo, o si viene al caso. Pero te mando muchos ánimos, y un recordatorio de que -creo- no lo haces para acumular historias sino por el acto de contarlas. Eso es loable y vale la pena hacerse, aunque sean pocos (según tú).

    Una amiga, escritora, los hace a razón de 1 cada 2 meses, 1 cada mes si bien le va y tiene meses de sequía. Sus cuentos me parecen increíbles. Si logra 12 al año es toda una proeza y en total tiene en su baúl no más de 20, con todo y que lleva como 3 años en esto -de la forma más seria y comprometida posible-. Así que, reitero, no creo que la cantidad deba significar nada.

    Me está pasando algo curioso en fechas recientes. Antes escribía hasta 10, 12, 15 relatos cortitos durante el mes. Ahora -en mi racha buena, luego de una sequía horrible que duró dos meses donde sólo escribí 1 cuento- llevo como 6 o 7 cuentos que he hecho, 1 por semana. Y me doy por satisfecho. Me parezco lento, a comparación del número que producía antes, pero siento que están mejor trabajados.

    Me disculpo por tanto divagar. Lo cierto es que son pocas las personas con las que uno puede hablar de esto, y tu entrada me hizo recordar esos cuestionamientos que, como tú, me he hecho en tiempos recientes.

    Me alegra que sigas escribiendo, y espero leerte a la brevedad (no, no espero, lo haré).

    Un abrazo, Toni.

    1. ¡Muchas gracias por seguir pasándote por el blog, Daniel! Y respecto a los relatos que te envié, no te preocupes y no tengas prisa por leerlos. Ya llegará el momento cuando tenga que llegar y te agradeceré enormemente tus comentarios.

      Tampoco tienes que disculparte por comentar aquí todo lo largo que quieras, porque para eso estamos: dejar salir ese lado nuestro creativo, reflexionar un poco sobre lo que hacemos, cómo lo hacemos y por qué, y todo lo demás, con alguien que está metido en lo mismo y te comprende. Resulta enriquecedor y puedo ver las cosas, gracias a comentarios como el tuyo, de una manera que no me hubiera planteado antes.

      Mi “problema” es que llevo acumulando historias desde hace muchos años. En 2006 comencé a guardarlo todo en un Pendrive, que se ha ido reciclando y, por suerte, he conseguido mantener (el contenido, porque el continente ha cambiado de forma muchas veces). Incluso mis primeros relatos “serios” tienen una copia de seguridad en algún lugar, aquellos que comencé a escribir y que se remontan a 1996. Así que he ido tirando muchas veces de ideas pasadas, que han dado paso a nuevas y, sobre todo, que eran el campo de experimentación y la sala de operaciones de mi propia evolución. Esos monstruitos si no tomaban forma a tiempo, luego sufrían nuevas intervenciones al cabo del tiempo, cuando había aprendido un poco más o estaba leyendo a nuevos autores que se añadían a mis influencias. Por eso corregía tanto: en ocasiones mis relatos eran releídos y modificados una treintena de veces, sin exagerar. Y por eso también se quedaban muchos abortos por el camino.

      Me doy cuenta ahora de que estoy en una fase más madura porque apenas corrijo mis historias. Para bien o para mal, ahora me siento más a gusto con lo que escribo y, sobre todo, he perdido ese miedo a escribir historias malas, a criticarme sin piedad justo mientras las escribo, a ponerme en duda. Pretendo disfrutar más y poco a poco lo estoy consiguiendo.

      He retomado algunas historias que se remontan a hace cuatro años y me doy cuenta de que muchas ya se encaminaban hacia lo que creo ser ahora como escritor o, por lo menos, a esa suma de escritores con diferentes apetencias según el día y que creo llevar dentro de mí y que no sé si llegaré a definir mejor con el paso del tiempo o se consolidará como un ser multicéfalo y aberrante.

      Por otro lado, respecto a la extensión, muchos son largos, pero no todos alcanzan las 5000 palabras. No sé cuánto tendré escrito en número de palabras respecto a los relatos. En cuanto a esas novelas que fueron mi primera inmersión fuerte a un intento real de convertirme en escritor, sí deben superar todas juntas las 250000 palabras, y la mayoría eran novelas cortas. Pero es normal, vamos acumulando palabra tras palabra sin un rumbo fijo y luego nos vamos deshaciendo de esa carga y nos vamos definiendo, quitándonos capas de piel, miembros que no sirven, órganos que no cumplen ya ninguna función, etc.

      Me pesa no haber escrito más relatos y haber dejado tantos en el camino porque muchos apuntaban, como digo, muy buenas maneras. Pero también es normal que tuviera miedo, me sintiera inseguro e impaciente al mismo tiempo, dudara, etc.

      Hace días creo que di un paso importante y comencé a releer y a proponerme terminar las que me hicieran sentir algo y valorara que eran buenas. Terminé 6 en un día (algunas sólo necesitaron algunos párrafos para concluir, a otras con un punto y final me fue suficiente); ayer, otra más. La mayor parte las dejé ahí porque quería escribir historias más largas y no sabía cómo conducirlas y concluirlas. Pero me resultan divertidas y bien escritas y, aunque terminen de forma abrupta, las valoro como lo que son.

      Si acumulas tanto escrito, conociéndote, sabiendo de tu amor por las letras, de tu carácter crítico, estoy seguro de que vas a convertirte, si la suerte te acompaña y no desistes (porque la vida te lleve por otros caminos más felices), en un escritor reconocido. Creo que no hay que tener miedo a escribir malas cosas y que el camino está precisamente en escribir muchísimo sin importar esa calidad porque poco a poco es eso lo que nos va formando como escritores. Claro que depende, como te digo, de un carácter crítico y un interés por esto de escribir que va más allá del mero pasatiempo, y tú, por lo que te conozco, cumples con ese perfil. De todas maneras, el puro trabajo hace al maestro. Bradbury escribió 52 relatos en un año, Isaac Asimov acumuló centenares, también lo hizo Chéjov y la lista es larga. No todos son joyas, muchos son hasta malos, pero esos escritores son lo que son por el trabajo y la constancia. Eso requiere de un tiempo que se va perdiendo poco a poco y que, por desgracia, mengua también cuando terminamos trabajando en cosas que de verdad nos den de comer. Pero bueno, tampoco hay que tener prisa. Yo ya no la tengo, desde luego.

      Mi respuesta me ha salido larga. Espero tus comentarios con interés. 🙂

      Ah, y en cuanto a la revista… Simplemente decidí que le podía un dar uso mejor a mis relatos sin tener que esconderme detrás de siglas y la intención era que la gente participara, fue muy poca (casi nula), y luego me di cuenta de que iba a quitarme muchísimo tiempo. Pero está ahí, y quién sabe lo que puedo hacer con ella en el futuro.

      De nuevo, gracias por comentar, Daniel. ¡Un abrazo!

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