Jueves, 14 de julio de 2016: …y más dudas

(Esta carta es respuesta a la enviada por Benjamín, y es la continuación de la carta del 12 de julio.)

Siempre he tenido en mente la necesidad de publicar para darle un sentido a todo esto. Pero últimamente me he dado cuenta de que publicar no es tan importante. Aunque publique, seguiré escribiendo. Si nadie me lee, lo seguiré haciendo igual. Si me lee mucha gente debo pensar que he de escribir para mí porque, de otro modo, puedo decepcionarles. Los lectores son, por supuesto, quienes me permitirían escribir todos los días, vivir quizá de esto. Extirparían la necesidad de salir ahí fuera a pasar productos por un lector láser, o barrer una calle, o vender un seguro para el hogar. Claro, eso sería perfecto. Y sólo puedo conseguirlo con muchos lectores.

Pero uno no puede tenerlos en la cabeza si quiere saber de verdad qué clase de escritor es o hasta dónde puede llegar. Entre otras cosas porque hay muchos tipos de lectores y nadie puede predecir (por mucho que se empeñen algunos editores) cómo serán los lectores del mañana.

Hablando de intentar ser profesionales o semiprofesionales, cuando me quedé en paro y decidimos que era el momento de darle una oportunidad a esto de la escritura, una de las cosas que más me preocupaban era el hecho de que no tuviera la fuerza de voluntad suficiente como para no desistir, para seguir leyendo, escribiendo y aprendiendo. Incluso que descubriera no tener la capacidad para llegar más lejos. Percatarme de que lo que había escrito hasta la fecha era lo máximo que podía exprimir de mis dedos. También, que en algún momento me dejara de gustar lo que hacía, o que ya no tuviera nada más que contar.

Me enfrentaba a la prueba definitiva para saber, por fin, si escribir era de verdad lo que quería hacer con mi vida. Si alguien confiaba en mí, si una editorial me pedía al menos un libro cada año, ¿podría dárselo? ¿Lo haría bien? ¿Disfrutaría?

Porque, no nos engañemos, si al final vas a poner todas esas ganas para conseguir (con suerte) un salario/ingresos que no te dan ni para pipas, ¿no sería mejor trabajar en otra cosa, vivir medio bien, y escribir lo que a uno le gusta en sus ratos libres? Sí, es verdad, está el reconocimiento, el aplauso de los amigos y la gente que uno quiere, sentirse realizado al ver tu libro publicado por una editorial o en las listas de los más vendidos en Amazon. Pero, ¿y luego? Esto se convierte en un trabajo de verdad. Y tendrás buenos y malos días, plazos de entrega, tal vez encargos que no te apetezca hacer. Esa es la realidad de la mayor parte de escritores que viven, más o menos, de esto.

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Fotografía de Perri Scope (Flickr)

Supongo que cuando soñamos nos ponemos en la piel de un escritor de éxito, que recorre el mundo, que escribe cuando quiere, que le publican y le promocionan de forma salvaje, que la crítica quiere y el público ama. Escritores de cien mil, ¡un millón de ejemplares! Claro, esa meta no está al alcance de casi nadie.

Pero, está la duda, ¿verdad?

La pregunta, repito, es si estamos dispuestos o no a escribir y vivir de forma precaria esperando ese momento de gloria que puede llegar o no, que puede ser fútil o pasar muy deprisa para no volver nunca más. Ahí, en mi opinión, está la clave. Porque nuestra lucha está en convertirnos primero en un escritor de trinchera, en un guerrero de las letras que busca a esa princesa que salvar y a ese monstruo que decapitar. Y esa princesa y ese monstruo puede que lleguen juntos o por separado o no lleguen nunca; o mantengan relaciones entre ellos y del resultado surja un mutante muy chungo. No sé.

Las he pasado canutas, pero sé que sí, que yo puedo meterme en este berenjenal. No voy a entrar en todo lo que he escrito, cómo lo he escrito, qué he aprendido en todo este tiempo, en qué he mejorado. Sólo sé que me he convencido de que puedo hacerlo. Y después de todos estos años siento que tú también estás preparado.

Otra cosa es que tenga (tengamos) la oportunidad…

Lo cual no quiere decir que mi esfuerzo y mis ganas se frenen un poco, como ya ha ocurrido en el pasado.

Dentro de unos meses se cumplirán tres años desde que me quedé en paro. Me he apuntado a un curso en un hotel-escuela, he hecho las pruebas y me han aceptado. Ya dije en mi anterior carta que no podía seguir dándome de cabezazos sin sacar nada de esto. Así que pagaré la matrícula y en unos meses estaré otra vez ahí sentado, en una clase rodeado de chicos (mucho más jóvenes que yo), y aprenderé cosas nuevas y, espero, eso me permita trabajar y cobrar un salario pronto.

En ese tiempo seguiré escribiendo. En menor medida, pero lo haré. En ese tiempo puede que lo que he estado escribiendo durante estos años pueda interesar a alguien, a muchos o a nadie. Si nada pasa, seguiré escribiendo. Escribiré para mí, claro. Retándome cada día por hacerlo mejor, porque el lector que tengo dentro madura y tiene ganas de marcha.

A mí me parece que esa es la manera de enfrentarse a esto. Pero, claro, tú has logrado muchas cosas esforzándote por llegar todo lo lejos posible. Creo que has esprintado pensando que la meta estaba cerca. Ahora, simplemente, considero que tienes que coger el ritmo adecuado.

¿Por qué no has logrado más y mejores cosas? Partiendo de la base de que, repito una vez más, has conseguido mucho y de que deberías estar muy satisfecho, ese Benjamín ha quedado atrás. Todo lo que puedas lograr ahora partirá de lo nuevo que escribas, de lo bien o mal, de lo mejor o peor que lo hagas respecto a lo que  has hecho antes. Esa pregunta (¿por qué no he conseguido más?) no deberías hacértela ya. Puede que alguna de tus obras pasadas te dé alegrías inesperadas, pero el objetivo de todo escritor es superarse, afianzar lo bueno, depurar lo malo. Luego, cómo no, está el mercado y puede que una novela de un género o de un tema en concreto toque la fibra de muchos. Pero lo que sin duda te hará mejor escritor es escribir lo mejor que puedas. No hay mucho más secreto.

¿Qué camino hay que escoger: la autoedición, en papel o en digital, o una editorial tradicional? El éxito de los escritores que escriben y publican en editoriales importantes depende de lo buenos que sean, pero también de sus contactos, de si su libro aparece en la mejor fecha, de si se les ha promocionado bien, de si se reedita su obra cuando se vende la primera tirada,… Depende de todo eso y de muchas más cosas que conoces bien. Puede que una editorial, ya sea grande o pequeña, abra algunas puertas que la autoedición no. No tengo la menor idea. Cada año se publican muchos libros y a mí no me interesa la mayoría. Ser editor tampoco hace más listo a nadie, ni siquiera más ni mejor leído. Desgraciadamente, no puedo hablar mucho del mercado actual porque, salvo algunas excepciones, estoy desconectado del todo.

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Fotografía de Scott Law (Flickr)

Sí, una editorial te va a permitir olvidarte de todo ese esfuerzo añadido. Puede que no ganes mucho más dinero que publicando por tu cuenta, pero te quitará quebraderos de cabeza y quizá te haga disfrutar más del mero hecho de escribir. Lo más probable es que tengas que seguir compaginando las clases con la escritura (lo más sensato, por supuesto), pero puede que sea más satisfactorio esa espera hasta que, quién sabe, llegue el ansiado bombazo, la princesa y el monstruo.

Entrar en el mercado editorial tampoco es que sea fácil, pero hay muchas editoriales y creo que con un poco de paciencia, constancia y la calidad suficiente se puede terminar publicando en una. Hay que tener el ojo puesto en las nuevas, pero tampoco hay que olvidarse de las grandes. La mayoría no reciben manuscritos, las que lo hacen no suelen contestar, y tampoco publicar en una es garantía  de repetir en el futuro. Pero sí, creo que el mercado de la autoedición está saturado. El mercado tradicional también está saturado, pero el número de publicaciones está algo más controlado y a un sello editorial se le presupone una calidad y una visibilidad supuestamente mayor.

En cuanto a los certámenes literarios, ya te digo, si eso no te condiciona para nada en lo que escribes, me parece una opción muy buena. Puede que te dé muchas satisfacciones y alegrías. Desde luego, el dinero de los premios en algunos certámenes equivale a los royalties que se lleva un autor por tiradas de quinientos ejemplares o más. Además rellena el currículo y queda bonito.

Yo también me he puesto con el concurso de Amazon (de hecho acabo de volcar mi pequeña novela en kdp). He desempolvado una historia con la que me gustaría probar suerte. No sé qué conseguiré. Pero tampoco me ha supuesto un esfuerzo tan grande lavarle un poco la cara. Confío mucho más en los nuevos relatos que tengo entre manos. Lo que pasa es que el número de palabras es tan grande en la mayoría de ellos que la única salida es reunirlos en una antología y publicarla por mi cuenta o enviarla a editoriales. Estoy en lo segundo.

No sé si he conseguido ayudarte, aclararte algo o meterte más dudas en el cuerpo. Creo, en realidad, que en tu carta ya tenías las respuestas. Desde luego, sabes que tienes a un compañero en la lejanía para echarte una mano en todo lo posible, y espero, como dices, que bien pronto podamos tomarnos una cerveza y charlar en persona de estas y otras cosas. De política hablaremos poco, ¿verdad? Creo que no, que rajaremos de Rajoy. Ese tema saldrá seguro.

Ya pasan de las 8:30, he escrito más de 3700 palabras y es hora de acabar y de tomar el desayuno. Creo que es la carta más larga que te he escrito jamás. Disfruta de tu día, sigue intentándolo y no desistas, porque sé que vas a llegar lejos.

¡Un abrazo!

Toni.-

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5 comentarios en “Jueves, 14 de julio de 2016: …y más dudas

  1. La cuestión no es tanto creer que podría haber conseguido más (siempre he sido consciente de lo atrevido de mi apuesta) sino ver que por mucho que haga, siguiendo por el mismo camino, difícilmente voy a conseguir algo mejor.
    Después de esforzarme tanto en promocionar ‘El viaje de Pau’ llegué a la conclusión de que lo que debía hacer si quiería tener más oportunidades era escribir más libros. Y en ello estoy. Pero claro, los libros hay que exponerlos en librerías, y el esfuerzo de mover tres títulos en papel (más allá de las librerías de mi entorno) es considerable. Vamos, que no es asumible.
    El mercado digital, a día de hoy, es una ruleta de la suerte de la que nadie tiene la clave. Sí, quizás si escribiera novelas eróticas conseguiría un buen puñado de descargas (igual voy a tener que acabar planteándomelo en serio… no, qué va), pero volvemos a lo mismo: ¿escribir por rutina, sin disfrutar de ello, sin sentirte “realizado”, vale la pena? ¿Qué lo diferenciaría de trabajar de cualquier otra cosa? Nada. Y es evidente que la única opción sensata para gente como nosotros, que no cuenta con herencias millonarias, es compaginar la escritura con alguna otra actividad decentemente remunerada.
    Yo no me lo planteo como una batalla contra el destino, no pretendo llevar la contraria a la lógica. Escribo, simple y llanamente, porque me gusta y porque creo que lo hago bien. Me encabezonado en hacerme un hueco en este mundo y, por qué no, en llegar a ganar algún día el suficiente dinero como para poder decir que la escritura me da para comer. Sigo creyendo que lo lograré. No sé cuándo, ni después de cuántas más cartas repletas de dudas, pero lo haré.
    Y tú también, colega. 😉
    Disfruta todo lo que puedas de esa experiencia en el hotel-escuela.
    ¡Un abrazo!

  2. Reblogueó esto en la recachay comentado:
    Escribir, ¿para qué? ¿Con qué objetivo? ¿Disfrutar? ¿Ganar dinero? ¿Desahogarse? ¿Es una utopía plantearse ganarse la vida con la escritura? ¿Hay que escribir para sentirse realizado o pensando en el potencial comercial? ¿Buscar editorial o autopublicar?
    Son algunas de las cuestiones que Toni Cifuentes aborda en la interesantísima continuación de su última e interesantísima ‘carta a un escritor’.

  3. Me encantan sus cartas.
    Normalmente yo sería el que me entrometería con alguna respuesta furiosa, grandilocuente o alguna tontería similar (porque me pega lo idealista romanticón casi suicida con las letras).
    Esta vez, en cambio, me quedo con esto:
    “Incluso que descubriera no tener la capacidad para llegar más lejos. Percatarme de que lo que había escrito hasta la fecha era lo máximo que podía exprimir de mis dedos. ”
    ¿Les cuento algo curiosisimo? Estoy muy emocionado con un proyecto de cuento-noveletta-novela (no sé qué será) que ya desde su concepción es diferente a todo lo que he hecho. Normalmente soy o solemne o satírico y en ese seré ambos (ambos al extremo). No me propondré qué será porque siempre lo hago y por una vez quiero escribir “sin saber a dónde me llevarán los detalles que estoy introduciendo”. Para alguien tan obsesivo como yo es como un paraíso anárquico.
    Pero lo que me tiene más entusiasmado es una cosa estupidisima (que yo sé que ustedes sabrán apreciar). Salvo por una viejecita etérea al final de un cuento, jamás había escrito a a una anciana. ¡Jamás! Y me divertí tanto al descubrir que nunca había abordado la psique de una vieja. Me sentí casi estúpido de no haberlo hecho antes. Por cosas así, por sentirme niño de nuevo, sentirme pleno en absurdeces como esa, es que creo que seguiré escribiendo aunque nunca tenga seguro cuál es mi techo.
    ¿Para qué mirarlo? Mejor seguir construyendo escaleras… total, no hay límites en el universo.
    ¿No es eso lo genial de la escritura?
    Poder compartir nuestros caminos de autodescubrimiento a los otros, poder generar consciencia, belleza o lo que sea con ellos.
    Sí, otra vez me salió lo romanticón, pero es que, ¡anímense, chicos!
    No piensen en si podrán avanzar mucho más o no. Sigan llorando sus cuentos y sus novelas, sigan riéndose de ellas. Sigan creando con amor sus historias. Los lectores son las criaturas más agradecidas del universo ante la sinceridad. Se nota a leguas.
    Un abrazo a los dos.

    1. Claro que sí, Dan. Seguiremos escribiendo a pesar de todo, y seguiremos quejándonos, y dudando, y disfrutando, y compartiendo, y aprendiendo…
      Comprendo perfectamente lo que explicas de la viejecita. Yo reconozco que lo que más disfruto de la escritura, lo que me lleva a explorar mis habilidades como creador, es la posibilidad de inventar personajes, de darles vida y sentir que existen realmente, no sólo en mi mente, y que me hablan, y se enfadan conmigo, y me cuentan sus penas, sus miedos, sus sueños.
      Es genial.
      Un abrazo grande.

    2. Tienes toda la razón, Daniel. El entusiasmo por escribir, las posibilidades de exploración que es, al fin y al cabo, el descubrimiento de uno mismo, son ilimitadas. Y eso es muy estimulante para un escritor. Pero ocurre que uno busca más allá en el mundo real, un reconocimiento del público que si, además, es monetario ya sería la bomba. Porque escribir sólo para uno mismo, aunque yo considere que debe ser el punto de partida esencial, llega a cansar. Y a veces uno se pregunta para qué tanto tiempo dedicado cuando hay facturas que pagar, viajes que gustaría hacer, etc. Claro que todo depende de las aspiraciones de uno. Pero está claro que cuanto más conservadoras y realistas, mucho mejor.
      Hablando de esos límites, a mí lo que me gusta es explorar situaciones. No soy muy original. Me hago preguntas del tipo: “¿Qué pasaría si una mañana un ama de casa se da cuenta de que la nevera le está hablando? ¿Qué le dice? ¿Cómo reacciona esa mujer?”. Voy tirando del hilo y, en ocasiones, me salen cosas interesantes. Normalmente esas preguntas sirven para desvelar el carácter y el drama de los personajes, claro. Pero a veces tiro de la goma sin pensar demasiado en eso. Disfruto, claro que sí, cuando se me ocurren esas ideas/pregunta. Mucho más incluso que cuando comienzo a escribirlas porque, para mí, escribir es volcar todas las posibilidades de esas ideas y ver hasta dónde llego. He pasado mucho tiempo buscando (y ahora mejorando) un estilo que me permita escribir rápido sin mucho artificio ni complicaciones. Aunque a veces pienso que es un estilo demasiado desnudo. Pero en esas estamos. 😉
      Bueno, como digo siempre, nunca sabemos hasta dónde nos puede llevar esto. Lo importante es disfrutar. Muchas gracias por tu comentario, como siempre, y perdona que te haya respondido tan tarde. ¡Un abrazo! 🙂

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