Yo SÍ trabajo gratis

Esta semana he leído artículos muy interesantes a raíz de otro artículo del famoso crítico literario Harold Bloom. Bloom, a sus ochenta tacos, habla; el resto se hace eco, responde y empieza, desde dentro y desde cada uno de sus ámbitos, a hablar del estado actual de la literatura, de hacia dónde va y todo eso. He leído también un artículo (de lo más sensato que he leído últimamente) de un agente literario que se hace llamar blumm, que decía cosas como esta:

“Tú, escritor, lo único que necesitas es un trabajo remunerado —un administrativo de una agencia de seguros, como era Kafka—, un blog y tiempo para escribir. Tiempo para escribir. Tiempo para escribir. Todo lo demás es accesorio, muy, muy secundario. Es incluso muy accesorio que te publiquen.”

Está claro que el mercado está cambiando, que se está abriendo un camino que será encauzado (en mi opinión) de una manera o de otra, tarde o temprano. Y en ese camino están apareciendo, ligados a la explosión incontrolada de nuevos autores (indies, amateurs, semi-profesionales, incluso profesionales, de andar por casa, de me relaja mucho todo esto, de un libro y no más, de a ver qué pasa, de me hace ilusión) otros profesionales que quieren hacerse valer e, intentando encauzar ese camino, enarbolar la bandera de la calidad literaria como baza diferenciadora frente a esos otros autores que, terminando una obra, creen que ya todo está hecho; y lo hacen sin una coma bien puesta, con faltas ortográficas de todo tipo, mala maquetación, horrible diseño, promoción nefasta; pero aun así lanzan su pescadito al saturado y revuelto mar digital. En la idea de que su esfuerzo supondrá un sello diferenciador, muchos profesionales dicen: “Nosotros te haremos valer… o, al menos, tus puntos y comas serán brutales y tendrás una portada que chane mazo”. La aparición de estos profesionales es indicativo de que son muchos los que quieren llegar a ser escritores de verdad, que hay negocio, pero no que su deseo es ayudar en la reestructuración y mejora de ese nuevo mercado digital.

Tengo que decirles a los agentes que cobran por recibir y leer manuscritos, a los correctores que hacen lo propio, a los editores que no ponen un duro en imprimir al autor y demás profesionales que intentan ganarse la vida de esa forma COMPLETAMENTE LÍCITA, que, aunque lo piensen, NO están apoyando al autor independiente. Por mucho que quieran codearse con los autores independientes, hablarles de tú a tú, ser sus amigos, NO están a la altura. Si quisieran hacerlo, si quisieran ayudar al autor y quisieran mejorar el mercado del libro digital independiente, cobrarían por su trabajo ÚNICAMENTE cuando el autor independiente comenzara a recibir un céntimo por su obra. Cuando un autor independiente paga por cualquier servicio, cualquiera que éste sea antes de que él mismo reciba nada por su propia obra, algo está fallando. Y, probablemente, no en él, porque si hubiera alternativas, estoy seguro, las encontraría.

Creo que deberíamos empezar a ayudarnos unos a otros de verdad, escritores, correctores, agentes, editores, y empezar a pensar más en conjunto, como iguales, como un equipo, en beneficio mutuo y de, por supuesto, los lectores. YO pagaré un tanto por ciento a quienquiera que sea capaz de hacerme vender un céntimo por mi trabajo. YO firmaré un contrato por el pago de un tanto por ciento de mis beneficios a todo aquel que haga que mi producto sea mejor y se venda más. Si mi libro tiene un precio de uno, dos, tres euros y he de pagar a la plataforma digital en la que lo he puesto a la venta un treinta por ciento, estaré encantado de pagar un diez por ciento a mi corrector, un diez por ciento a mi editor y un diez por ciento a mi agente: viviré feliz con ese cuarenta por ciento restante y estaré orgulloso de poner sus nombres en las primeras páginas de mi libro. El mundo del libro digital tiene que cambiar, pero no arrastrando las caducas formas del mundo tradicional del libro, de la idea de que el escritor es el último mono, un jodido cero a la izquierda.

Yo escribo cuatro horas diarias, a veces más, a veces menos, y lo hago GRATIS. Pensad en ello cuando le decís a alguien que tiene que pagar por leer, corregir o maquetar su libro cuando, tal vez, ese escritor ha pasado más de un año (dos o tres) tecleando en su ordenador, con suerte, en el tiempo que le queda tras una jornada entera en la oficina. Los hay que, como yo, no tienen ni trabajo de verdad. Y, repito, escribimos GRATIS. Y si alguien me dice que nadie me ha dicho que me ponga a escribir como un idiota, le diré lo mismo a quien pretende cobrar a un autor independiente: dedícate a otra cosa. Y si alguien me dice que yo voy a sacar beneficios de mi trabajo a posteriori, le contestaré que vuelva a leer lo que acabo de escribir.

Si queremos crear un mercado digital de calidad, si queremos fomentar el resurgimiento de nuevos y buenos autores, tenemos que hacerlo codo con codo, procurando un sello común de calidad, avalando con nuestra profesionalidad lo que tenemos entre manos. No todo vale. No vale corregir un texto nefasto, no vale maquetar estupendamente un libro infumable, no vale engañar al autor, ni tampoco publicar una obra que no tiene la menor calidad literaria. NO vale apoyar eso. Eso NO contribuye a crear un mercado literario digital de calidad.

Termino con blumm:

“Pero insistes. Insistes mientras ideas, en una cabeza con demasiado papel ya, otra vía más real, sin intermediarios: la autodecisión de autoeditar, o autodecidir editarlos.”

SÍ, porque si alguien cree en lo que tiene entre manos, entonces podrá ganar o perder. Como iguales. O todos o nada.

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7 comentarios en “Yo SÍ trabajo gratis

  1. Buuffff… Este artículo lo tiene todo para convertirse en uno de esos virales que comparte todo dios y que genera defensores y enemigos a ultranza. Estás proponiendo una revolución, crear un nuevo mercado editorial que copie en buena medida la estructura tradicional pero suprimiendo todos los prejuicios. Estás proponiendo que los profesionales apuesten por otros profesionales sin mirar su bolsillo y eso, amigo, a muchos le va a resultar muy incómodo. Me imagino a editores y correctores independientes revolviéndose donde quiera que estén sentados al leer eso de que tienen que trabajar gratis… como los escritores a los que cobran sabiendo que lo que están corrigiendo/editando no vale un pimiento.
    Sinceramente, no espero que recibas mucha complicidad por esa parte. Aunque a lo mejor nos sorprendemos.
    En mi opinión, queda una parte del pastel fundamental por resolver: la distribución. ¿Cómo convencemos a las librerías de que es una buena idea apostar por obras autoeditadas de calidad? Y aun así, no es ése el problema principal: ¿cómo llegamos a muchas librerías y cómo hacemos el seguimiento de las obras distribuidas? Esa parte de la ecuación yo todavía no he conseguido resolverla. Porque pensar en distribuidores independientes sí que me parece ciencia ficción.
    Hay mucha tela que cortar. ¡Un abrazo!

    1. No creo que tenga mucho eco, pero me he quedado agusto. Y si tengo apoyo, que sea el de los autores. 😉 En cuanto a la distribución, tú tienes experiencia: hay librerías que se implican y brindan un rinconcito de su espacio. Pero también hay agentes concienciados con su labor profesional, al igual que hay editoriales nuevas que arriresgan. Hay que buscarlos a ellos. Lo próximo, tu carta. Tengo muchas ganas de escribirla. ¡Un abrazo!

  2. En este campo hay demasiados “francotiradores” que, como tu dices, ni siquiera ponen bien una coma…, pero ahí estan…, haciendo ruido. Me gustan tus opiniones. Saludos.

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