Domingo, 21 de septiembre de 2014

¡Hola, Benjamín!

Admiro esas ganas y tu positivismo. Has encontrado cosas buenas en ese camino, las sigues encontrando y te aferras a ellas con acierto y, como te he dicho muchas veces, espero que halles de verdad tu lugar. Es más, sé con certeza que, si prosigues, vas a conseguirlo.

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Imagen de jesuscm (Flickr)

El martes pasado, en una entrada sobre un libro de Dolores Redondo, hablabas de los libros y su público, sobre lo que es bueno y lo que no, y concluías que es precisamente lo que gusta y alcanza el objetivo de brindar placer al lector lo que cuenta de verdad. También hablabas de los ortodoxos, que me imagino que son esos que tienen la PALABRA, así en mayúsculas, que deciden lo que es realmente una obra de calidad y lo que no. Supongo que ése es su trabajo. Hay personas que estudian para tener la potestad de decir qué es literatura de calidad y qué no. No sé si te referías a esos ortodoxos. Otra cosa es que les hagamos caso o nos interese más o menos lo que digan. Aunque a mí me resulta muy entretenido leerles. 🙂 Pero, por ejemplo, de Stephen King esos ortodoxos siempre han dicho que sus libros son literatura de baja calidad y me estoy hartando de leer adjetivos despectivos en algunos de los libros que leo referidos a “ese tipo” de literatura, a la literatura de pasatiempo. Podría hablar un poco del tema e intentar justificarlos de alguna forma, pero creo que sería un rollo y, además, creo también que se las apañan ellos solos muy bien.

Lo que quiero decirte es que a mí Stephen King me animó a intentar ser escritor. Y en ésas sigo después de veinte años escribiendo mis chorradas. Cuando leí a King descubrí que hay una forma de escribir que resulta entretenida, que se lee rápido, un modo de escribir que, en apariencia, es fácil. Pero desde luego no lo es. No es nada fácil escribir como Stephen King. Y él aprendió a escribir de la mano de algunos editores que le aconsejaron en su día y le ayudaron a mejorar. Según los ortodoxos de los que hablas tengo un referente nefasto y no me preocupo mucho por eso.

Me escribes que esperas poder terminar tu novela a finales de año. En Facebook hablas de que has pasado al ordenador lo que supone la mitad. Tengo ganas de que podamos disfrutar de ella. Y sí, tenemos formas distintas de trabajar, aunque no tanto, no creas.

Me sonreí cuando decías: “Tú tienes completamente estructuradas las tramas hasta el final y perfilados algunos personajes, pero apuesto a que todavía no has escrito una sola palabra.” Tienes toda la razón. Pero tengo que añadir que, en realidad, yo estructuro más o menos mis historias y perfilo a los personajes, pero dejo muchas cosas en el aire. Aunque tenga en cuenta todos los detalles de la historia (o lo procure), las biografías de mis personajes (bastante incompletas casi siempre), etc., luego hay que escribir el puñado de páginas con las que se pueda decir que se tiene algo entre manos a lo que llamar novela. Y después, claro, por mi parte hay que corregir, corregir y corregir. Últimamente mi objetivo es dejar lo mínimo en el aire, lo cual, además, no es impedimento para ampliar cosas o cambiarlas según avance la historia que en muchos casos quedan en manos de unos personajes traviesos que no hacen caso (y por eso a veces no está mal cambiarlos o, sencillamente, aplastarlos con un piano). Una obra de personajes tal vez requiera de menos estructuración, lo cual no quita que considere que es el tipo de novela más difícil de escribir. Sin embargo, una historia alrededor de un misterio creo que necesita (o al menos creo que sería muy conveniente) tener las ideas bastante claras para dar consistencia a la historia desde la primera palabra, para medir bien el suspense. Eso pienso.

Yo intento trabajar así, con un planning cerrado, porque creo que me facilita las cosas, aunque no siempre lo hice así (ni lo hago siempre). En el pasado he escrito cinco novelas (es la primera vez que hago un repaso así de mis cosas, te lo garantizo):

  • Un monstruo rentable, terminada en el verano del 2002, con 93.000 palabras. (Fantasía. Apenas tomé apuntes. Me dejé llevar.)
  • Momento decisivo, que comencé el 25 de diciembre de 2002 y terminé tres meses después, el 23 de marzo de 2003, con 43.000 palabras. (Ciencia ficción. Me dejé llevar, aunque leí algunos libros sobre biología marina y tomé algunos apuntes para orientar la trama.)
  • El enterrador de extraterrestres, que terminé hace diez años, allá por octubre de 2004, con 84.000 palabras. (Realicé un pequeño esquema partiendo de una idea muy básica y me quedé a medio camino entre el terror y la ciencia ficción. Los personajes me gustaron mucho, pero la historia no era del todo consistente, no supe llevarla bien.)
  • Un brote en el viejo tocón, de 2007, con 27.000 palabras. (Me dejé llevar. Lo pasé muy bien escribiendo esta historia. No la he releído desde que la terminé.)

Después vino El jardín de Marta, que escribí ese mismo año 2007, la más corta de todas, con apenas 15.000 palabras, lo que podría considerarse una nouvelle. Esta sí tuvo un esquema más completo, aunque es el más corta de todos mis trabajos.

Éstas son mis primeras notas para Marta:

Una mujer que vive en su casita en medio de un pequeño jardín. Un día se le rompe la regadera de tan oxidada (un agujerito por donde se escapa el agua. Ella dirá: “Ya decía yo que cada vez tenía que hacer más viajes para regar las plantas”). Observa entonces que todo lo demás está viejo también y que no le vendría mal comprar unas cuantas cosas más… Sale por una puerta en un muro y ve unas escaleras que antes no estaban ahí. Son las escaleras de un edificio, oscuras y frías, con un ruido de motor. Sube y sube y tras mucho subir, alcanza una nueva puerta por donde sale.

A partir de aquí, una oficina de un enorme edificio y unos directivos que descubren a la mujer. Deciden ocultar todo el asunto y planean en privado hacerse con esos terrenos. Estudian los planos y planean construir un lugar paradisíaco o alquilarlo por semanas pagando lo que quiera a la mujer. Se llamarán señor Uno, señor Dos, señor Tres,…

De esto y, tiempo después, de algunos esquemas de capítulos surgió el resto.

Quiero decirte que la mayoría de estas novelas las escribí sin arnés de seguridad, y he tenido otros muchos intentos después que se han quedado en nada, algunos muy avanzados: Balin y la torre de Qry (fantasía), con 15.000 palabras escritas, o La sublime puerta (fantasía), con 25.000. En estas historias inacabadas trabajé mucho, tomé gran cantidad de apuntes, desarrollé los personajes y las tramas, pero las dejé. No puedo decirte si el problema fue tomar demasiadas notas, que no eran historias consistentes o que no tenía experiencia ni estaba preparado para enfrentarme con narraciones así. Seguramente no maduré lo suficiente el universo en que me movía. No me creí de verdad el mundo que estaba creando.

Muchos escritores se sienten muy cómodos escribiendo de forma libre, sin apretaúras o con muy pocas cosas definidas, y consiguen sacarse de la manga buenas historias. Fue una de las cosas que hablamos cuando nos encontramos en Badalona, que cada escritor encuentra la forma más cómoda de escribir para él, de sacar el máximo de provecho de su trabajo. Yo he sido (y creo que lo sigo siendo) un escritor de los de dejarse llevar. Es cuando más disfruto. Pero quiero controlarlo. Considero que existen métodos para sacar el mayor provecho al tiempo que dedicamos a escribir. O a lo mejor no, a lo mejor se trata de tantear múltiples opciones hasta que una idea se nos clava en el estómago y no nos suelta hasta terminar de escribirla. Aunque intento aclararme, como ves, no suelo conseguirlo.

Como te decía en Facebook, me alegro mucho de que sea así, de que haya libros buenos que enseñen a escribir, porque para alguien que comienza no tener más guía que escribir y escribir y leer todo lo posible opino que no es suficiente. Si alguien quiere escribir, además de tener pasión por ello, creo que es bueno que sepa que tiene herramientas para conocerse mejor como autor, para acercarse al proceso creativo desde diferentes puntos; para sumergirse en el arte de la ficción de la mano de escritores que saben, de conocer los errores más frecuentes que cometemos, etc. Por eso me gustaría hablar contigo un poco de los libros de escritura. 🙂

Me gustaría saber tu opinión porque la mía es completamente a favor y no sé si la tuya es en contra del todo, si tiene matices o si piensas que no son necesarios y no sirven demasiado. Independientemente de que alguien pueda tener más o menos facultades para escribir bien, me gustaría saber qué piensas. Yo te diré que me están abriendo los ojos a muchas cosas y estoy valorando ese aprendizaje de forma muy positiva. Estoy redescubriendo la lectura y me he vuelto a enamorar de la escritura, cosa que creía imposible. Me he reafirmado en la idea que ya sabía: que no sé nada y que me queda mucho por aprender.

Ya te dije que me alegro mucho de que participes en Liber 2014. Ya queda menos y tengo muchas ganas de que nos cuentes tu experiencia.  Lo de Biografías Personales también es genial y espero que pueda abrirte alguna puerta. En el fondo, además de escribir bien y ser constante, la diferencia entre llegar más tarde o más temprano, o no llegar nunca (algo que tiene que asumirse, por desgracia), reside en esas cosas, en estar ahí justo cuando se debe de estar. Así que… ¡muy buena suerte!

Entiendo que digas que vale la pena. Yo te puedo contar pequeñas cosas de mi año, pero he hablado más de una vez de mi experiencia. Además, acabo de hacer un resumen de mis proyectos pasados y no quiero aburrir a nadie.

Tienes entre manos cosas muy buenas durante estos días, así que esperaré con ganas esa crónica y tu próxima carta. Te deseo mucha suerte, compañero.

 ¡Un abrazo!

 Toni.-

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6 comentarios en “Domingo, 21 de septiembre de 2014

  1. Esto da como mínimo para una larga tertulia en algún lugar tranquilo y bien surtido de cerveza y tapitas para acompañar. Como de momento el escenario vamos a tener que imaginarlo, me conformaré con responderte vía carta. Te adelanto que, obviamente, no estoy en contra de los libros de escritura, pero sí de tomarlos al pie de la letra (que no es tu caso) y de considerarlos como la vía para “aprender” a escribir. Son herramientas útiles que pueden ayudar a ser mejor escritor, sin duda. Pero imagino que hay libros y libros, como cursos y cursos. Hasta ahora no me han llamado la atención, pero visto tu entusiasmo tendré que leer alguno de los que has ido recomendando.
    Eres un escritor superprolífico y estoy seguro de que entre ese material que guardas en un cajón hay cosas muy apetecibles para lectores como yo. Yo también tengo algunas historias empezadas que pretendían ser novelas pero acabaron olvidadas. Al principio me sentía cómodo con la literatura juvenil, con acción y muchas gotas de humor, pero no era consistente ni mucho menos constante. Ahora me siento mucho más cómodo escribiendo y siento que el resultado es muy mío, que lleva mi huella. No sé si eso es necesariamente bueno (habría que ver qué opina la ortodoxia), pero a mí me gusta que sea así.
    De la novela que estoy escribiendo llevo casi 50.000 palabras, y creo que acabará teniendo más o menos las mismas que ‘El viaje de Pau’ (113.000). Una de las dos tramas principales la tengo ya bastante clara hasta el desenlace, pero de la otra aún tengo que decidir por dónde la acabo llevando.
    Stephen King será lo que quieran, pero ojalá yo fuera capaz de escribir historias tan fascinantes como ‘It’ o ‘Misery’. Calificar eso de mala literatura, sinceramente, me parece una auténtica gilipollez.
    Supongo que podría hacerse un símil con la música. La “buena” música es la clásica. Lo que hacen Metallica o Led Zeppelin es ruido insufrible.
    En la próxima carta me extiendo, y gracias por los buenos deseos.
    ¡Un abrazo!

    1. No, claro. Yo tampoco pienso que hay que tomarlos al pie de la letra. Al leer hace tiempo mi primer libro de este tipo (y fue el de King, su famoso On writing), sí lo pensé. Pero luego he leído otros libros que me han abierto mucho los ojos. Por eso pienso que hay que leer unos cuantos, una cosa variada. Al final se llega a la conclusión de que cada autor escribe como quiere, es verdad, pero hay cosas interesantes que se pueden sacar.
      Tu comparación con la música me parece muy acertada: la narrativa evoluciona igual, y los gustos de los lectores harán esa criba en el futuro (ya se está haciendo). Los escritores solamente podemos escribir de la mejor manera posible y cruzar los dedos deseando que las tendencias traigan a puñados de lectores ansiosos hacia nuestros libros.
      En fin, ánimo con tu nueva novela y con lo que está por venir.
      ¡Un abrazo!

  2. Reblogueó esto en la recachay comentado:
    El experimento epistolar entre Toni Cifuentes y un servidor para hablar sobre nuestra aventura literaria, el proceso creativo y el mundo editorial en general sigue adelante, creciendo con cada nueva carta. Aquí tenéis la que me acaba de llegar. Como siempre, interesantísima.

  3. Hola, chicos, aquí me tenéis leyéndoos, como siempre, con la máxima atención. Sacáis tantos temas en una sola carta que desde luego hay debate para rato. ¿Sabéis? Yo nunca me he parado a pensar qué tipo de escritora soy; en las últimas semanas me ha venido por diferentes partes eso de “escritor de brújula o mapa”, y siempre me he quedado pensando… Ahora que me detengo un ratín y me lo planteo, está claro que yo soy de tirarme a la piscina, cuando me viene una idea me lanzo a ella y no paro hasta que siento que realmente he reflejado lo que tenía clavado en el estómago (me ha gustado mucho esa forma de expresarlo, Toni). Lo que ocurre es que hasta ahora solo he escrito relatos cortos; cuando me anime a ponerme con la novela creo que cantará otro gallo, pues nunca viene mal un guion para no perder la orientación. Gracias por ayudarme a reflexionar con vuestras propias reflexiones. ¡Abrazos! 🙂

    1. Si esto sirve para que alguien (aunque solo sea una persona) saque sus propias conclusiones sobre qué es esto de escribir, me sentiré más que satisfecho: yo todavía no me aclaro. ¡Un abrazo!

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