La primera novela: El nombre de la rosa

Umberto Eco escribió sobre lo que sabía y terminó El nombre de la rosa a la edad de 48. Fue su primera novela y tardó dos años en completarla. Umberto Eco había escrito ensayos y sabía mucho, sobre todo de historia y filosofía medieval, y a lo largo de su vida había visitado unas cuantas abadías e iglesias románicas, incluso de joven, cuando con dieciséis años alcanzó la biblioteca del monasterio benedictino de Santa Scolástica en Subiaco y, solo, pasó las páginas del Acta Sanctorum mientras, en la oscuridad y el silencio, la luz se filtraba por los cristales esmerilados de las ventanas.

3276422037_3f77904653_zSanta Scolástica (fotografía de Giuseppe Moscato en Flickr)

Alguna vez bromeó con que si llegaba a escribir una novela negra (lo cual no le interesaba), ésta tendría quinientas páginas y estaría ambientada en un monasterio medieval. Rebuscando en unos cajones, encontró “una hoja de papel en la que había apuntado varios nombres de monjes” y para él fue como si en su interior ya estuviera preparando algo. Umberto tenía el conocimiento del lugar, de la época, de los personajes y un fuerte recuerdo impreso en su espíritu que deseaba aflorar. Le faltaba la trama. Y se le ocurrió comenzar con la muerte por envenenamiento de un monje “durante la lectura de un libro misterioso”.

Me parece alucinante que un escritor pueda sacar de sus entrañas una primera novela así. Umberto Eco escribió sobre lo que sabía, pero sabía mucho y supo plasmarlo en una novela fascinante porque, además, tenía experiencia escribiendo sobre otras cosas.

No hay que desesperarse si uno no consigue la hazaña de Umberto. Me parece que muy pocos lo hacen, además, de una forma tan compleja, tan magistral. Es algo que muy pocas veces pasa. Hay que escribir mucho y equivocarse en la mayor parte de las ocasiones antes de acertar con algo bueno. Ni siquiera cuando se escribe más o menos bien, todo lo que se escribe es bueno. Ni siquiera aunque parezca que el escritor ha conseguido extraer de su interior algo maravilloso y lo muestra como si hubiera fluido entre sus dedos por una comunión mística, como si hubiera establecido un vínculo sagrado y maravilloso con algo elevado y nos lo hubiera regalado al resto de humanos por su divina intermediación, en realidad ni ha sido tan fácil ni ha salido a la primera.

El mismo Umberto Eco pone un ejemplo hablando de Lamartine, quien, parece ser, decía que uno de sus mejores poemas “le había llegado completamente compuesto en una súbita iluminación, una noche que paseaba por el bosque”. El hombre tuvo que parecer un auténtico genio para sus paisanos franceses del romanticismo del XIX. Tuvo que ir por ahí con la cabeza bien alta, muy de guay, como se suele decir. Se me ocurre a Lamartine después de unas cuantas copas dándole un codazo al borrachín de al lado. “Oye, oye, escucha, colega, escucha.” Y con el dedo alzado y dando cabezazos: “Escucha, escucha, escucha. Compuse, compuse un poema… un poema acojonante, ¿sabes? Sí, compuse, compuse unos versos de puta madre, tío. Y, burp, y me salió, me salió así, plas, me salió a la primera, tío”.

Tras su muerte, se encontraron una cantidad impresionante de versiones de aquel poema. Lamartine tuvo que trabajar en él de forma obsesiva mucho tiempo hasta que logró el objetivo deseado. Lo que pasa es que de haber explicado la verdad su logro hubiera perdido algo de encanto. Escribir aquello, a ojos del resto, se hubiera transformado en un hecho mundano, que es lo que es en realidad.

A veces pensamos que la creación es algo misterioso y mágico, algo tan “simple” como dejar que la inspiración llegue, y consideramos al escritor como un transmisor elegido por un mundo de ideas etéreo y elevado, como una especie de privilegiado demiurgo. Pero se trata de algo tan simple y cotidiano como mucha dedicación, constancia y esfuerzo, de mucho trabajo.

Estoy leyendo, entre otras cosas, Confesiones de un joven novelista, de Umberto Eco.

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7 comentarios en “La primera novela: El nombre de la rosa

  1. Tus escritos me inspiran y me alientan a seguir escribiendo!!! Por cierto… me da pena decirlo pero no he leído este libro, sin embargo sé de qué se trata y disfruté mucho la película, ¿ya la viste???

    1. Sí, la película la vi antes de acercarme al libro y me gustó mucho. Era muy pequeño y la he visto alguna que otra vez en la escuela, analizándola para alguna clase de filosofía. Luego el libro, al leerlo, me hizo revivir muchas escenas y lo disfruté mucho más. Es una novela fascinante, un poco difícil, pero si yo la leí con catorce o quince años, no creo que lo fuera tanto. Umberto habla de la doble codificación y cosas por el estilo, pero eso ya es para nota. Yo me quedé con la aventura detectivesca, los personajes y el ambiente tan logrado. ¡Un saludo!

  2. Qué bien te explicas (ahora aquí podría poner un taco cariñoso, pero me voy a comportar y lo dejo en un educado), compañero. Ahora bien, estás consiguiendo que mi abultadísima mochila de lecturas pendientes aún se llene más, y eso no me gusta… Esta estupenda entrada es claramente materia de ‘carta a un escritor’. La tendré en cuenta para la próxima. Yo, después de un par de novelas decepcionantes, he empezado a leer ‘Legado en los huesos’, la segunda parte de la trilogía del Baztán que escribe Dolores Redondo. ‘El guardián invisible’ me fascinó y de ésta en dos ratos he devorado 130 páginas. Qué bien escribe y qué capacidad para atrapar al lector. Qué bien sientan las novelas buenas de verdad. ¡Un abrazo!

    1. Ey, sin problemas con los tacos cariñosos. Ya creo que nos conocemos un poco y hay confianza. 🙂

      Esa trilogía viene sonándome desde hace un tiempo, así que habrá que echarle un ojo. A mí también se me acumulan las lecturas: no voy a decirte cuántos libros estoy leyendo ahora porque es de locos; a veces ni yo mismo le veo sentido…

      Como siempre, espero esa carta con muchas ganas. ¡Un abrazo!

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