Martes, 26 de agosto

¡Hola, Benjamín!

Lo de Rayuela, tal y como comentas en tu anterior carta del viernes pasado, no me extraña. Hay ciertas novelas que no es que estén escritas para el mundo intelectual especialista de las letras, pero sí que son disfrutables casi en exclusividad por ellos y ensalzadas por los mismos. Viene a ser como una endogamia literaria mutante bastante chunga y alejada del lector medio. Disfrutan –tal vez hasta el orgasmo mental– doblemente: por el libro en sí y su complejidad y porque nadie se va enterar de qué va, lo cual les hará sentirse todavía más especiales y listos.

4840264141_42bf2dc5cf_zFoto de Elizabeth Briel en Flickr

Nosotros, los lectores medios, solamente podemos aspirar a entenderlas tras un curso completo de análisis y estudio pormenorizado, que ellos mismos ofrecen en ocasiones con discursos igualmente inasibles y aburridos. Para los simples mortales como nosotros son obras maestras que se escapan a nuestro control. Sin embargo, están las otras obras maestras escritas por gentecilla como Chejov, Nabokov, Flaubert y demás que sí pueden disfrutarse, y mucho, y cumplen el anhelo de todo lector: recrearnos y abstraernos del mundo que nos rodea, disfrutar de la belleza y de esos momentos íntimos y tan especiales que procura el buen libro; y eso ya es mucho como para buscarle tres pies al gato con los aspectos técnicos y filosóficos de la obra, los rollos metaliterarios y demás, que pudiera contener.

Lo maravilloso de según qué libros es, precisamente y en mi opinión, hacerle creer al lector que no ha visto letras, sino un mundo al que ha sido transportado acompañado de unos personajes que no conocía de nada y que se han convertido de un día para otro en parte de su vida. Y todo ha sido muy sencillo: solamente ha tenido que abrir y pasar unas páginas. El buen escritor logra que estas cosas parezcan muy fáciles. Lo demás me interesa muy poco.

Claro que no se puede decir que Rayuela sea mala (yo ni siquiera lo sé porque no la he leído), pero como te comentaba Verónica en tu anterior carta, a Cortázar el pueblo llano le recuerda por sus cuentos. Y aquí entro en un tema que me interesa especialmente, y es que parece que los escritores de relatos son escritores menores, a no ser que seas Poe, Borges y algunos más, y es precisamente porque no escribieron novelas (bueno, en realidad, Poe escribió una novelita corta muy particular y que a mí me dejó alucinado: Narración de Edgar Gordon Pym de Nanctuket, obra inacabada que inspiró una curiosa serie de libros como continuación. Entre otros, La esfinge de los hielos, de Julio Verne, y otro de Lovecraft que también me dejó flipado en su día: En las montañas de la locura).

¿No te parece curioso? Si hubieran escrito novelas de peso, los relatos serían algo secundario, como un simple proceso de aprendizaje para estos autores. A muy pocos escritores con novelas a las espaldas se les recuerda demasiado por sus relatos, por muchos y muy buenos que hayan escrito. Esto me toca la fibra sensible, como comprenderás, amante de los relatos y escritor de ellos como soy. Para muchos lectores los relatos también son cosa rara y yo he leído algunos que en veinte páginas concentran toda la emoción y fuerza de novelas de cuatrocientas, e incluso las superan.

Así que estoy contigo en este punto. Y también en lo siguiente.

Yo suelo dejar ya muchos libros que no despiertan mi interés desde el comienzo. Mi pareja Encarni solía empeñarse también en terminar los libros, considerando que merecía el esfuerzo proseguir, tal vez como un reto personal o algo. Pero poco a poco ha ido dejando esa fea manía. Como dices: hay mucho que leer y muy bueno como para ponerse a perder el tiempo, que sí es limitado. Y como ya hemos visto, lo bueno tiene que ver con muchas más cosas que el renombre o los premios del autor; es algo mucho más personal, que muchas más veces tiene que ver con la personalidad del lector, la edad (con el conocimiento y la experiencia que esto aporta) y sus circunstancias. Yo no le hago ascos a las novelitas de adolescentes ni a los best-sellers de digestión rápida: creo que desarrollan una función importantísima, la de leer, pero también la de ser el primer paso para el acceso al siguiente escalón, que sería leer otras cosas con más enjundia. Es una pena que eso no suela pasar en muchos casos.

Yo antes, en mi etapa juvenil, profería un respeto casi celestial a los escritores y los libros. Me parecía una falta de respeto abandonar una obra haciéndome a la idea de todo el esfuerzo que había supuesto escribirla. Además, pensaba (y no creía equivocarme) que esforzándome conseguiría comprender y valorar lo que estaba leyendo. Estoy seguro de que a lo mejor sigue siendo así y muchos de los libros que ahora abandono probablemente serán revisitados, leídos y valorados cuando sea más mayor (o a lo mejor no), pero eso no contradice el hecho de dejarlos, lo reafirma: ya llegará el momento de leer según qué cosas. Ya llegará, ya si eso.

Sigo, entre picoteo y picoteo, con el libro Curso de literatura europea, de Nabokov, y algunos libros sobre cómo leer libros. Estoy aprendiendo cosas muy interesantes sobre las que a lo mejor reflexiono en entradas futuras. A lo mejor con este cursillo particular consigo leerme Rayuela. No, es broma. No lo creo, y tampoco está en mi agenda.

Te apoyo en el hecho de que mantengas El viaje de Pau en Amazon. Más bien quería decir que si el esfuerzo de venta recae en tu propia página web, como bien has hecho, el portal de venta debería ser directo. No le veo ya muchas ventajas a autopublicar un libro y meterlo en plataformas como Amazon que no hacen esfuerzo alguno por promocionar la obra ni apoyar al autor (¿para qué?). No lo sé, a lo mejor me equivoco. Pero si yo hablo de mi obra e intento convencer al lector de que la compre, ¿por qué no venderla directamente? Supongo que es una cuestión de gastos que se me escapa. Me imagino que Amazon reporta mucha comodidad en la venta tanto para el comprador como para el autor. Es distinto cuando la obra es solamente digital, como mi pequeña novela. Desde mi blog podría venderla directamente a un precio más bajo y ganaría lo mismo. Ahondando un poco más: estoy seguro de que has vendido muchos más libros en papel que en formato digital. ¿Es así? Por otro lado: ¿sigues creyendo en la autopublicación digital para el autor independiente? ¿Es mejor publicar en papel o en formato digital para el autor independiente? ¿Las dos cosas?

Y sobre el tema de las librerías de toda la vida, tal vez las tengo un poco idealizadas. De cualquier forma, es una pena que muchas estén desapareciendo por los motivos que hemos comentado más de una vez.

Me ha gustado que compartieras los entresijos del escribir. Veo que te estás enfrentando a tu obra de una manera que para mí sería desesperante. No sé qué pasará cuando termine la pequeña tanda de relatos que espero poder terminar en este mes y medio (estoy luchando por finalizar de una vez por todas algunas cosas). Mi intención es ponerme con algunas ideas y desarrollar una novela más compleja. Tengo completamente estructuradas las tramas hasta el final. Tengo perfilados algunos personajes y solamente me queda sacarle jugo a la acción. Tú estás planteando una novela de personajes y, es verdad, como bien dices, tienen que ser muy interesantes y estar muy bien hechos para que el lector se meta dentro de ellos y desee acompañarles. E incluso hay cosas que a veces escribimos para nosotros mismos, para entender lo que hacen nuestros personajes y por qué lo hacen haciendo toda nuestra historia veraz, y que no es necesario compartirlo con los lectores. Hay que buscar el equilibrio. No sé si me explico. De cualquier forma, tienes un reto por delante que no se te dio nada mal con tu anterior novela. Disfrútala y la disfrutarán los demás. Luego, en la corrección, no tengas compasión contigo mismo. 🙂 Ya hemos hablado más de una vez que cada cual se enfrenta a su obra y al proceso de escribir como mejor se siente. ¡Ánimo! Ojalá esta segunda novela supere a la anterior y sea un éxito. Te lo deseo de verdad.

Me detengo aquí porque ya llevo un buen puñado de palabras. Eso sí, como dices, quedan muchas cosas más de las que hablar. Y las hablaremos.

¡Hasta la próxima! ¡Un abrazo!

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4 comentarios en “Martes, 26 de agosto

  1. Los “rollos metaliterarios”. Qué gracia me ha hecho eso y lo de los cursos para entender las obras “complejas”. El de la literatura es un universo enorme repleto de innumerables mundos, entre ellos varios ocupados exclusivamente por lectores.
    Sabía que mi modo de enfocar el proceso creativo de una novela sería una especie de infierno para ti… Para mí lo sería hacerlo a tu modo, ¡jajaja!
    Pronto más madera.
    ¡Un abrazo!

    1. Bueno, de ahí lo de la foto: hay libros que suenan a chino y bien merecen ser recortados de principio a fin. Ahora estoy con un libro que habla precisamente de la metaficción y del valor que tiene como experimento, como nuevas búsquedas de expresión y motivación para el autor. Pero yo creo que en el fondo los temas son los mismos, aunque la forma de presentarlos sea más enrevesada y pueda ser hasta interesante desde un punto de vista teórico. Por eso te decía en la carta que, por ahora, esas cosas no me interesan demasiado.
      Y bueno, cada uno buscamos la mejor forma de sentirnos cómodos al escribir. Yo estoy sufriendo una lucha diaria por terminar proyectos… Ya te contaré.
      Esperando la siguiente carta. 🙂
      ¡Un abrazo!

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