La Bomba (relato corto)

Ocurrió así. Como siempre que nos reuníamos los sábados por la noche, todos estábamos muy borrachos. Nos dábamos golpes, nos empujábamos y bromeábamos, bebíamos, comíamos frutos secos y brindábamos y, de vez en cuando, dirigíamos algún piropo soez a las chicas del bar mucho más jóvenes que nosotros. En un momento dado, Claudio, al que llamábamos “la Bomba”, levantó un dedo y todos nos callamos. Formamos un corrillo alrededor suyo y empezamos a entrechocar las cervezas y a jalearle: “¡Bomba, bomba, bomba!” mientras él se inclinaba y daba palmadas girando sobre sí mismo. Se detuvo con el culo apuntando a uno de nosotros, creo que aquella vez fue hacia Luis, levantó un poco la pierna derecha y apretó. Pero en esa ocasión no ocurrió nada. Nos burlamos de él. Ahora lo recuerdo y me arrepiento. Pero fue así. Le dijimos: “Ese cohete no despegará nunca, tío”. O: “Se habrá perdido por el camino”. O: “Ese petardo tiene la mecha húmeda”, y cosas así mientras nos reíamos. Pero él negó con la cabeza. Nos ordenó que nos calláramos. En realidad nos gritó: “¡Cerrad la puta boca!”. Y agregó: “Éste va a ser el más grande de todos. ¿Me oís? Joder, el más grande de todos”. Apretó durante unos cinco minutos. Se puso colorado, empezó a sudar y algunos nos miramos un poco preocupados. Dejamos de jalearle y de entrechocar las jarras. Normalmente todo ocurría rápido y después seguíamos a lo nuestro, pero algo estaba fallando. Le dijimos: “Claudio, va, déjalo. Te vas a herniar”. Y él dijo que no, que por su madre que iba a salir. Casi no podía ni respirar. Le caía un hilillo de baba por la comisura y tenía los ojos desencajados. Alguien le puso una mano en el hombro y él se la quitó de encima muy enfadado. Intentamos convencerle, pero volvió a ordenarnos que cerráramos el pico. Continuó así, mientras Fran, Raúl y Eloy deshacían el círculo y se sentaban en una mesa cercana. Gregorio se fue a mear. Otros nos quedamos por compromiso y nos lanzamos miradas furtivas e incómodas. Nos encogíamos de hombros preguntándonos cuándo iba a terminar aquello. Claudio tomaba aire y luego encajaba los dientes y apretaba muy fuerte. Bebimos más, tomamos otra ronda y charlamos un poco de los asuntos de la fábrica y del accidente del día anterior en el metro, olvidándonos un poco de Claudio. Ernesto dijo que se tenía que marchar y los tres compañeros de la mesa decidieron hacer lo mismo. Gregorio parecía haberse largado hacia un buen rato. Quedamos nada más que tres observando a Claudio, que seguía con las manos apoyadas en las ingles. Metía los hombros hacia el pecho y abría las aletas de la nariz. Tenía hinchadas las venas de la garganta y las sienes. Me recosté en la barra y, justo cuando levantaba un dedo para pedir la cuenta, sentí, por encima de la música y las voces, un golpeteo que cada vez se hacía mayor. Terminó con una explosión seca y metálica que, lo juro por Dios, hizo temblar el suelo y vibrar los cristales y los vasos de todos los que estábamos allí. Fue un “¡Plac!” descomunal. El sonido provocó un repentino silencio. Al alzar la vista, me di cuenta de que toda la gente del bar estaba mirando hacia nosotros. Claudio se irguió con dificultad tocándose el trasero. Nos señaló a los que estábamos todavía ahí, jadeando, y nos dijo: “Para vosotros.” Entonces la gente empezó a aplaudir. Hubo silbidos y Claudio, aun a pesar de lo agotado que estaba, juntó las manos por encima de la cabeza e hizo unas cuantas reverencias. Luego cada cual volvió a lo suyo. Claudio se apoyó en la barra. Parecía dolorido. Le dije: “Siéntate. Eres un animal”. Me dijo que mejor no, que se quedaba de pie. Respiró otro rato, tragando saliva y secándose el sudor de la frente. Me di cuenta de que no podía ponerse recto del todo. Al rato, con una media sonrisa, nos dijo: “Pensabais que… Pensabais que no iba a salir, ¿eh?”. Entonces, de repente, enmudeció. Claudio tragó una vez más saliva, agachó la cabeza y después de levantar una mano como indicándonos que esperáramos un instante, se desplomó en el suelo.

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Fotografía de Juan Cabanillas

Lo recordaré siempre. Todos los que lo presenciamos aquella noche nunca olvidaremos aquel pedo. Nos lo regaló a nosotros. A todos los que estábamos en aquel bar. Claudio, “la Bomba”, era el mejor.

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12 comentarios en “La Bomba (relato corto)

    1. Gracias. Para pasar el rato y desentumecer los dedos. No lo enviaría a ningún concurso ni lo metería en ninguna recopilación. Me apetecía escribir nada más y hacerlo con un poco de humor. La mayor parte de las veces hay que escribir para uno mismo. Pues eso. Aunque se trate de un pedo.

    1. Llevo una rachilla un poco complicada: no consigo concentrarme y escribir lo que DEBO escribir, así que me puse con la primera tontería que se me ocurrió. Por lo menos, me reí un poco con el resultado y conseguí terminar algo después de unas cuantas semanas. Lo más difícil de ser escritor es que tienes que escribir, ¿verdad? 🙂 A ver si hoy termino algunas cosas más serias que tengo pendientes. ¡Un abrazo!

    1. Gracias, Sergio. En cuanto a pasarte por aquí, estaré encantado, pero entiendo que cada cual estamos con muchas cosas. Esto de escribir, por lo menos en mi caso, se lleva muy mal con internet en general. Cuando uno decide ponerse “a mirar cosillas”, intuye que van a pasar muchos minutos e incluso horas antes de comenzar a tener ese sentimiento de “deberías ponerte a hacer tus cosas”. Para evitarlo, intento no mirar internet y estoy seguro de que se me escapan cosas muy interesantes como tu blog y el de otros muchos compañeros. De todas formas voy a bajar un poco el ritmo de publicaciones, que tampoco es muy alto, por cierto, para ver si de esa manera termino más de un proyecto inacabado. Un placer tenerte por aquí. ¡Un saludo!

      1. sep, desde que reactivé el blog a principio de año y empecé a darla caña a esto de juntar letras he ido asumiendo lo que dices. lo de la blogesfera tiene ese “Efecto Bob Esponja” (por lo que absorbe y atonta) que puede llegar a ser contraproducente… pero bueno, al menos por mi blog no te preocupes no es tan interesante 😉
        un saludo,
        Sergio
        pd. por cierto, cuando recopile algo más de información ya vendré por aquí a darte la brasa sobre el sector editorial y la autoedición … que me gustaría saber tu opinión sobre un par de cosillas.

      2. Para lo que quieras. Aquí estamos. Y me apunto eso de “Efecto Bob Esponja”. Es muy difícil concentrarse en escribir algo y tener la cabeza puesta en el blog. Has dado en el clavo. ¡Un saludo!

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