La corrección de La Fosa

En septiembre de 2013 terminé un relato titulado La Fosa. El 30 de abril de este año (siete meses después) realicé una nueva corrección. El relato tenía 12.000 palabras, un poco más de treinta páginas. Después de esta corrección se ha quedado en algo más de 7.000 palabras, unas 20 páginas.

Stephen King en su “On writing” comenta que lo ideal en la última corrección es eliminar un 10% del material escrito. Esto lo dice Stephen King porque es su forma de trabajar. Así aprendió él el oficio. Establece un mínimo, lo cual es interesante e indicativo de que siempre hay que eliminar algo. Yo no creo que haya un porcentaje fijo (ni mínimo ni máximo). Cuando uno escribe no tiene que estar tan pendiente de lo que está haciendo, no tiene que coartar al “artista” que lleva dentro. Tiene que dejarse llevar por las palabras, sumergirse en su propia voz, en su universo interior y permitir que se expanda y se desarrolle. Aunque resulte del todo una cagarruta. El objetivo es terminar la historia. Después llega la hora de releer lo escrito, arremangarse y empezar a dar puñetazos a diestro y siniestro.

Considero que las correcciones enriquecen mucho lo que hemos escrito. Hay quien dice que no hay que corregir mientras se escribe, pero para mí es fundamental releer (y corregir) los párrafos (incluso páginas) anteriores al texto en el que estoy trabajando en una nueva sesión: esto me permite meterme de nuevo en la historia. Afortunadamente mi escritor y mi corrector (aunque a veces alguno de los dos se ponga obtuso) suelen convivir de forma amigable en mi cabeza y toman las riendas por igual sin causar perjuicio.

Cuando uno ha finalizado un relato o una novela, pasado un tiempo prudencial, ya puede ver su trabajo en perspectiva, limar el estilo, retirar la paja, ir al grano, considerar si metió demasiados personajes o si falta alguno, de qué escena puede prescindir, qué partes son aburridas, si el tema que quería tratar está claro y si hay alguna forma de reforzarlo. También, si el final es flojo o previsible, si es coherente o tiene que mandarlo a paseo. Tiene que convertirse en un lector crítico y distanciarse del escritor porque el escritor se sentirá a gusto hasta con la última coma y nos mentirá descaradamente. Nunca hay que hacer caso al escritor cuando lee. Nunca.

Yo he eliminado de La Fosa mucho material porque no tenía ni idea de hacia dónde me conducía la historia cuando comencé a escribirla. Y eso se notaba mucho al leerla. Me entretuve además demasiado con las descripciones y esta vez sí, por mucho que me gusten las descripciones, la mayor parte eran un truño. Como tampoco tenía mucha idea de cuál sería el final, incluí material de relleno para intentar salvarla y darle coherencia. En esta nueva lectura me he percatado de lo forzado que estaba todo y de que, eliminándolo, todo fluía mejor.

Eliminar 5.000 palabras no ha sido nada duro para mí. Cuando uno corrige tiene que pensar que ningún esfuerzo fue en vano y que el trabajo de corrección es una parte más (indispensable y muy importante) dentro de la tarea de escribir. El lector lo agradecerá. De ninguna manera considero que perdiera el tiempo escribiendo esas 5.000 palabras porque salieron de mí y me permitieron alcanzar el final de la historia. Esas 5.000 palabras han caído en combate para que ahora tenga una historia más sólida. (Todavía no estoy seguro de si es una buena o mala historia, pero desde luego considero que ahora es mucho mejor que antes.)

Y para quienes os aterre corregir porque consideráis que es amputar vuestra obra, restarle su esencia, espontaneidad, frescura y todo eso, os invito a que lo hagáis, que os esforcéis por ver vuestro trabajo como si fuera el de un lector ideal sumamente estricto y sin compasión y luego os releáis. A ver qué os parece. Creo que os gustará el resultado.

Siempre podéis guardar todos los borradores que hagáis. Es más: ES lo que debéis hacer. Guardad todos vuestros borradores. Siempre. Yo todavía conservo la historia completa de La Fosa. Esas diez páginas que he quitado de la historia final todavía siguen conmigo. No creo que sirvan para nada (porque son francamente malas), pero a veces uno elimina demasiado y, de hecho, en otra historia que estaba corrigiendo, recuperé fragmentos completos que luego consideré esenciales.

 Y vosotros: ¿corregís mucho, poco, no corregís?

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8 comentarios en “La corrección de La Fosa

  1. “Publicamos para nos seguir corrigiendo” que decía Borges. yo soy de los que, si me dejo, me puedo pasar la vida poniendo, recortando o sustituyendo palabras de un relato, por corto que sea. porque “de normal” no suelo pasar de los dos millares de palabras.
    y opino que se nota mucho cuando lees un relato que no ha sido podado con cuidado. sea propio o ajeno, principiante o publicado. una buena revisión hace que las imágenes y el tema queden bien definidos y se disfrutan más.
    un placer volver a tenerte en activo, nos leemos!
    Sergio Mesa / forvetor
    http://miesquinadelring.com/

  2. Corregir es absolutamente necesario. Y después de haber reescrito el texto varias veces, e incluso de haberlo publicado, se sigue planteando la cuestión, la punzante cuestión, de si no habría sido mejos darle otro repaso. Pero también es verdad que hay un punto óptimo de expresión, el que está a la altura de su propio talento, y empeñarse en pedir peras al olmo sólo es un signo de obcecación. Por lo demás, estoy de acuerdo en que corregir es ante todo y sobre todo coger las tijeras y recortar, aligerar, o el bieldo, que dirían en mi pueblo, y aventar tanta paja como entierra el grano.

  3. Hace poco leí el libro de King y la verdad es que da buenos consejos. En mi novela logré “podar” unas 10.000 palabras y, aun así, creo que mi “yo escritor” se ha impuesto a mi “yo corregidor” porque hay partes que sé que necesitan eliminarse/modificarse pero no he sido capaz. Qué difícil es corregirse a uno mismo.
    ¡Saludos!

    1. Se me pasó responderte. Disculpa. La verdad es que tanto el libro de King como el resto de libros que he leído y de los que ya hablé en su día me han servido de mucho. Y, por supuesto, no voy a dejar de leer más libros de este tipo porque creo que me queda todavía mucho que aprender.

      Para mí corregir es algo gratificante. Es uno de los procesos con los que más disfruto, pero es cierto que también es uno de los más complicados.

      ¡Un abrazo!

  4. Creo que corregir es necesario para ¿cómo decirlo? que la obra quede más redondeada.
    Aunque pienso que para el escritor, algunas veces, corregir, eliminar, acortar, es motivo de muchas dudas y hasta de pena.
    Un abrazo, Toni…

    1. Si alguien tiene la fortuna de publicar una obra, supongo que corregirla es una tontería. Hay que demostrar si se ha mejorado o no en lo siguente que se escriba, si es que se puede mejorar o se necesita mejorar. En mi caso, como todos mis relatos no han sido publicados, creo que me merece la pena dedicar tiempo a las correcciones porque, entre otras cosas, practico conmigo mismo lo que haya podido aprender. En mi caso es satisfactorio casi siempre. Aunque también es cierto que llega un punto en que uno se aburre y quiere comenzar a escribir cosas nuevas, que es exactamente lo que me está pasando en este mismo instante. Un abrazo de vuelta.

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