Blain Training

A esta entrada le tengo también un especial cariño. Creo que es divertida y, además, el entrevistador no sé cómo llegó a mi blog e hizo un comentario. Del 14 de noviembre de 2008.

Aquí pueden leer una entrevista que ha realizado LaVanguardia.es a Agustín Fonseca, un ser humano que publicó uno de los primeros libros de Sudokus en España y que ahora, junto a su compañero Sergio F. Aldrey, va a sacar a la venta una serie de libros (tres) de entrenamiento mental. Vamos, algo novedoso del cagarse, con perdón.

No tengo nada en contra de este señor, pero ya nada más comenzar la entrevista percibimos cierta tensión con el entrevistador. El hombre, paciente, opina que solamente con veinte minutos diarios el cerebro nuestro coge tono y ese declive que parece comienza a los, exactamente, 26 o 27 años puede frenarse. En este momento, creo que el entrevistador tiene precisamente esa edad y se ha sentido atacado.

(Pregunta) -Proponen también ejercicios que se pueden hacer sin la necesidad de los libros…
(Respuestica) -Sí, son ejercicios que se pueden hacer en la vida diaria. Por ejemplo, si estás en un autobús puedes ir contando las personas que suben y las que bajan para saber, en ese tiempo, cuánto dinero ha ganado el ayuntamiento. Con este ejercicio tan simple desarrollas capacidades de cálculo y de orientación espacial. El único objetivo, y el más beneficioso, es que el celebro esté trabajando.

En la pregunta anterior ya advertimos que el entrevistador plantea que los libros no sirven para limpiarse nada más que el culo. Está claro que, si podemos hacerlo sin los libros, ¿qué me está vendiendo este tipo? Lo mejor se encuentra en la forma en que ha transcrito el redactor la respuesta de Agustín. ¿Se le ha escapado ese celebro a propósito? La erre y la ele no están tan cerca (ni por asomo) en un teclado como para pensar que ha sido un despistillo. ¿Quería dejar por entontolao a Agustín el entrevistador?

(Pregunta) -¿Cuándo empezó usted a sentirse atraído por el mundo de los pasatiempos?
(Enderrespuesta) -Con diez o doce años tenía una afición que consistía en cambiar las reglas de los juegos. Por ejemplo, cogía el parchís y le cambiaba las instrucciones inventando la ficha de la voluntad o fichas diabólicas para recorrer el panel en sentido contrario. Eso hacía que la situación se mantuviera diabólica hasta al final, para mí era una delicia, para los demás una desgracia (Sonríe).

Bueno, aquí imagino un momento de pausa tensa, una mirada de estas un tanto gélidas de soslayo por parte del entrevistador, que se relame un labio y se muerde la lengua, mientras Agustín comienza con una risa sonora para terminar en una risilla incómoda y un carraspeo. Lo siguiente confirma esta impresión.

(Entrevistador) -Puedo imaginar sus caras…

Esto puede interpretarse como: “Joer, menudo muermazo de tío es usted. Ya me veo en su casa a su ‘amigo invisible’ y familiares rodeándole para pegarle una paliza, y a sus padres pensando, ‘A ver si con alguno de esos golpes en la cabeza se vuelve normal y deja de hacer gilipolleces”.

El entrevistador añade: “Ésos fueron sus orígenes…”, y deja la frase en el aire. Es decir, su pensamiento fue, más o menos: “Yo también jugaba como me daba la gana a la mierda del parchís. Y en la oca, ni te digo. ¿Eso es un origen?” Además, las llama fichas diabólicas…

Agustín, que nota que el entrevistador se está quedando con él, tiene una respuesta de nivel guardada en la manga:

-Sí, luego ya vino el primer juego que hice, que fue un simulador de incendios forestales. Plantea sobre un tablero con fichas un sistema de movimiento de decrecimiento del incendio en función del aire y del terreno, y de las actuaciones con medios.

Agustín no puede conciliar demasiado bien el sueño por las noches. Rondan por su cabeza inquieta muchas ideas que no puede controlar. No se siente tranquilo sin tener una libreta a mano, junto a la mesilla, donde anota todas esas ocurrencias aunque sea a altas horas de la madrugada. Su entrevistador sí lo hizo. Muy bien. Con una media sonrisilla burlona en su rostro. Ese “celebro” para los anales. No compra su libro ni el más tonto de la clase.

A Agustín no le preocupa tanto como parece. Se le acaba de ocurrir meter un nuevo color en el tablero del parchís, un nuevo jugador, con lo que serían cinco. A la mañana siguiente, cuando lo comenta con su mujer, ella le dice que eso está inventado ya y que hay hasta tableros de seis. Agustín bebe un traguito de café. Mira a través de la ventana de la cocina, donde el sol ya se yergue sobre los edificios de la ciudad. “Yo no dije celebro”, advierte. Su mujer se sienta junto a él y le da una delicada palmadita en la cabeza. “Ya lo sé”, le dice. “Si eres muy listo”. Cariñosamente, mientras le soba el cabello, toma su taza y la levanta para que él beba un traguito más. “Así. Muy bien, muy bien”, le dice.”

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7 comentarios en “Blain Training

  1. jajaja, bueno, no fue bien bien como lo planteas pero debo reconocer que tiene su gracia. Y lo de celebro, celebro que lo hayas visto, un error humano, todos nos equivocamos y los periodistas chusqueros como yo, mucho más. Gracias igualmente por tu sentido del humor;)albertp.d por cierto, yo no jugaba al parchís, jugaba a médicos e infermeras, y no tengo 26, aunque me gustaría;)

  2. Saludos, Albert. Celebro (jajaja) que te haya gustado mi “interpretación” de los hechos, lo cual demuestra que (si tal como parece eres el redactor) tienes mucho más y mejor sentido del humor que un servidor.Desde luego, si no llega a ser por ese “celebro” no me hubiera centrado tanto en la entrevista. Fue el punto de partida que me sirvió para todo lo demás, entre tantas y tantas notas de prensa, artículos varios y titulares destroyer. Un despistillo perdonable, cómo no.Me alegra, de nuevo, que te haya gustado. Gracias!Saludos!

  3. Jajaja.Mira, me ha gustado mucho tu version de los hechos. El final con la mujer acariciandole, como si de un pobre animalico se tratara, es tremendo.Espero que Agustin invente el parchis definitivo, con no menos de trece jugadores, y que el color determine el numero de dados que puedes lanzar. Dados de dos caras.Saludos señor Cifuentes.pd. Mira, un aludido con sentido del humor, celebro tu buena suerte (no podia evitar meter la palabrica)

  4. Jajaja! Me ha encantado el párrafo final. ¿No resulta un tanto inquietante pensar qué puede haber estado tramando Agustín, el creador del parchís diabólico, durante los últimos cinco años…? Asusta hacerse a la idea, ¿eh? ¿No? ¿Seguro…?
    Un abrazo!

    1. ¡Gracias Benjamín! Parece que al tal Fonseca no le fue tan mal porque ha seguido publicando, de lo cual me alegro. Me entretuve imaginando como pudo ser y al final no me quedó tan mal. Nos seguimos leyendo. ¡Un abrazo!

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