La tristeza de descubrir la verdad

A esta entrada le tengo un especial cariño. Adelanto los momentos para la nostalgia, aunque el viernes colgaré uno más. Este describe lo que para algunos publicistas es SU realidad, como lo es para la mayor parte de los políticos y demás humanos que les hacen la ola. Además menciono los inicios de una serie que dejamos de seguir hace mucho. Un bonito recuerdo del 26 de septiembre de 2008.

“Hoy he recibido de mi cuñao un correo electrónico (gracias), entre otros, que me ha llamado mucho la atención y me ha hecho reír. Mucho. Es el siguiente:

Como véis existe un problema dimensional, no sé si de los niños o del tobogán-piscina.

Haced una prueba. Haced click en la fotografía para verla en tamaño más grande. Contemplad durante unos segundos el fabuloso hinchable de la izquierda. La niña deslizándose por el tobogán. Los niños entusiasmados. El chico que lanza la pelota a la canasta. El niño que pretende subir. La niña de rubio con el pulgar hacia arriba. Luego, después de esto, mirad el de la derecha.

¿No os embarga una súbita tristeza? Menudo puto tobogán de la mierda. ¿Cómo se puede jugar con los sentimientos de unos padres y unos hijos de esta manera tan cruel?

Lo que está claro que esto es un burdo montaje. O los niños han sido reducidos al tamaño de un elfo o el tobogán ha sido agrandado, lo cual al final, resulta ser lo mismo. Pero me da a mí que ha sido lo primero. Los micro-niños se lo pasan pipa. Los niños reales se plantean si su padre les quiere de verdad o es un capullo redomado.

La cara de pena de la niña no tiene precio. La pelota inflable que sostiene el niño bajo el sobaco pretendía ser encestada en esa cosa de agujerito de canasta doblada hacia un lado en donde, sin lugar a dudas, no cabe. Me hago a la idea de que un hámster lo pasaría pipa dentro de ese piscina hinchable. Por lo menos cogería velocidad al deslizarse por el tobogán. Triste. Muy triste.

Por cierto, últimamente estoy viendo Mad Men, una serie sobre el mundo de la publicidad a principios de los años sesenta. El primer capítulo es memorable. Ya, con el tercero a las espaldas, se está convirtiendo el asunto en un culebrón de mucho cuidado. Pero seguimos viéndola. A ver cómo se encarrila. También hay un libro titulado Nologo de Naomi Klein que habla precisamente sobre el mundo publicitario. Todavía voy por las primeras páginas.

El mundo de la publicidad, tan poderoso y cruel al mismo tiempo.

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Un comentario en “La tristeza de descubrir la verdad

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