La disciplina

Me propuse comenzar a escribir el 01 de septiembre. La verdad es que lo intenté, pero luego resultó mejor que no lo hiciera. Autotomía estaba siendo corregido y Encarni me consultó para ciertas modificaciones. Por otra parte, el mes de agosto es el mes de más trabajo en mi mundo real. Además, con más estrés del habitual después de conocer que todo se terminaba. Total, que entre una cosa y otra, comencé a escribir en serio el día 5 de septiembre.

 He ido alargando los días en que tenía que sentarme aquí como estoy ahora con el trozo luminoso de cielo que me daña las retinas y una minúscula línea (que es parte del tejado del edificio de enfrente) porque cuesta ponerse a escribir. Aunque luego disfruto mucho, el proceso de colocar el culo en el cojín, reposar la espalda y poner los pies en una posición cómoda y en frío saber que tienes que escribir como mínimo unas tres páginas decentes para que hayan servido de algo esas dos o tres horas que has perdido sin que nadie te lo pidiera, cuesta mucho. Lo que me ayuda a concentrarme es la música. A veces mi cerebro sintoniza con alguna canción que me permite abstraerme de todo y, después de haber leído los últimos parrafos de lo que quiero continuar escribiendo, me pongo a toda velocidad a escribir. Entonces, la historia avanza. En esas ocasiones, cuando me detengo, golpeo con rabia el último punto (sea final o aparte) y respiro satisfecho. Pero otras veces…

 Puedo pasar media hora o más dándole vueltas a la cabeza. Me quito las gafas, cambio de canción, jugueteo con el pen-drive donde hago una copia de seguridad (casi siempre); me quedo mirando a un punto fíjamente, me revuelvo el pelo, y al final, a veces, sale algo. En otras ocasiones esa hora y media de insistir no ha valido para nada y tienes que salirte cabizbajo, como derrotado, de la habitación. Así es esto de ponerse a escribir.

 La verdad es que he llegado a conseguir un buen ritmo de trabajo: tres páginas diarias o, lo que es lo mismo, algo más de mil palabras. Aunque, tanto si se consigue escribir mil palabras, como si se escriben quinientas o ninguna, creo que una de las claves para que esto resulte es ponerse unas horas determinadas todos los días, los siete días a la semana si es posible, a escribir. Si eso se hace con regularidad y se es crítico y se tiene interés por mejorar, pueden salir cosas muy interesantes. No digo que yo lo haya conseguido. Digo que pueden salir cosas interesantes. Eso es lo que he dicho. Que pueden salir cosas interesantes.

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2 comentarios en “La disciplina

  1. Cuando estaba escribiendo ‘El viaje de Pau’ había días que me faltaban horas para seguir volcando en el ordenador/libreta todo lo que tenía en la cabeza; otros, sin embargo, apenas era capaz de escribir unas líneas. Supongo que, como todo proceso creativo, escribir requiere del ingrediente “mágico” de la inspiración. No es como ponerse a apretar tornillos. El día que no sale, no sale. Interesante reflexión, como siempre. Un abrazo!

  2. Hay que perseverar, eso está claro. Tal vez es lo más importante y lo más difícil. Afrontar los momentos complicados y tener muy claro que esto de escribir lo haces por ti mismo, porque te gusta y seguir hacia adelante. ¡Gracias a ti Benjamín! ¡Abrazos de vuelta!

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